sábado, 10 de septiembre de 2016

El Tiempo En Una Botella 15

Finalmente! Lo siento por la demora, pero ustedes saben, y sé que entienden.
Espero ya poder retomar nuevamente un itinerario de escritura más regular.
Gracias a todas por su preocupación, y saludos especiales a Briggi que en el espacio de unos días leyó todo lo que he escrito tomándose la molestia de dejarme reviews comentando lo bueno y lo malo. Lo aprecio montones.
Sin más, la historia.
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Capítulo 15
Heavenly shades of night are falling, it's Twilight Time
Out of the mist your voice is calling, "Tis Twilight Time"
When purple colored curtains mark the end of day
I'll hear you, my dear, at Twilight Time.
Deepening shadows gather splendor as day is done
Fingers of night will soon surrender the setting sun
I count the moments, darling, til you're here with me
Together, at last, at Twilight Time.
Twilight Time / The Platters

James POV
Isabella estaba acurrucada sobre mi cuerpo, tranquila y relajada, pero de pronto besó mi pecho justo sobre mi corazón.
-Ya es hora Schatz, háblame de ti… – Demandó.
Habíamos estado en silencio por un largo rato, simplemente disfrutando de la cercanía de nuestros cuerpos desnudos y sumidos en nuestros propios pensamientos, por lo que me sobresaltó un poco, no por su pregunta, sino porque no tenía una respuesta preparada que considerara satisfactoria.

-Tienes que entender en primer lugar que no es mucho lo que te puedo decir porque no es mucho lo que recuerdo… - Confesé - Gran parte de mi historia como humano la reconstruí como vampiro después de despertar – Agregué para aclarar, y ella asintió.
-Lo sé, pero me conformo con lo que sea que puedas o quieras compartir… - Dijo abrazándome aún más fuerte.
-Estás familiarizada con la Santa Inquisición Española? – Pregunté resignado a tocar temas desagradables, arruinando el plácido ambiente post coital.
-Vagamente… - Frunció el ceño - Recuerdo algo sobre la Iglesia Católica quemando brujas… - Dijo concentrándose en recordar – Realmente no sé mucho de religión… - Admitió al fin.
-No tiene que ver con religión exactamente – Dije acariciando su cabello - Sino más bien con las manipulaciones políticas de la Monarquía para mantener la hegemonía de La Corona… - Suspiré - Para resumir, en el año 1478 los Reyes Católicos, con el visto bueno del Papa de turno, instituyeron la Santa Inquisición como un Tribunal Eclesiástico que tendría competencia exclusivamente sobre los cristianos bautizados. El truco era que al no haber libertad de culto en la España de esa época, en la práctica El Tribunal tenía jerarquía sobre todos sus habitantes. Entiendes lo que eso significa? – Pregunté. Ella asintió, sin perder palabra - En el año 1492 los reyes promulgaron otro edicto, desterrando del país a todos los judíos que se negaran a convertirse al catolicismo. La idea era supuestamente perseguir a los herejes para hacerlos abjurar de sus paganerías, y sólo en caso de que persistieran en sus creencias serían entregados al verdugo… O al menos eso es lo que aprobó el Papa… - Relaté remontándome cada vez más profundamente en mis tormentosos primeros recuerdos.
-Ajá… - Asintió atenta a cada palabra – Entonces tu dices que no los echaron realmente por motivos religiosos?
-No – Sacudí la cabeza enérgicamente - En la práctica las razones eran bastante menos abnegadas. Verás, España estaba llena de judíos que se estaban transformando en una fuerza política y económica en sí, por lo que atacarlos ayudaba a cubrir al pueblo español con un manto de unidad religiosa, ayudaba a debilitar a la oposición política, y además estaba el bono de quedarse con los bienes de los procesados. Con el tiempo las funciones del Tribunal se fueron haciendo más amplias para atacar a cualquiera que entorpeciera los deseos de La Corona, con medidas cada vez más “ejemplificadoras” – Narré enojándome cada vez más pero haciendo lo posible por controlarme y hablar con relativa objetividad y desapego, lo que la verdad me resultaba imposible.
-Pensaba que La Inquisición estaba relacionada a la superstición, no me imaginé la maquinación política que había detrás… - Dijo ella frunciendo el ceño otra vez.
-Por supuesto que hubo mucho de eso también, la persecución de brujas viene existiendo desde mucho antes, ya en 1260 hubo un Instructivo Papal al respecto, pero en el caso de la Inquisición Española de los Reyes Católicos me atrevería a decir que era un asunto más relacionado a la raza, la economía y la política que al interés en convertir o salvar almas – Dije – Y poco a poco, a medida que se les acabaron los enemigos en la forma de  potenciales amenazas herejes (porque ya no las había), comenzaron a atacar a otros blancos: A  los protestantes y a los moros.
-Y qué tienes que ver tú con todo eso? – Preguntó ella después de reflexionar unos segundos.
-Tiene que ver porque por alguna razón me encontré en el lugar equivocado en compañía de la gente equivocada – Respondí encogiendo un hombro, quitándole importancia.
-Continúa, por favor – Me dijo acariciando mi mejilla.
-Esta  es la parte que no recuerdo bien… Tengo en mi mente sólo cortos flashes inconexos de imágenes que aún no sé si son realidad o parte de mi delirio… - Besé su frente aspirando el aroma de su cabello para tranquilizarme y le dije – Creo que lo mejor es contarte la historia como creo que sucedió…
-Inténtalo – Me dijo – Pero si te sientes muy incómodo te detienes y no pasa nada…
-Creo… Mis recuerdos como humano no me dicen nada de quien fui, sino que comienzan en una celda de aislamiento. No sé cuánto tiempo estuve ahí, se siente como una vida entera, deben haber sido meses, quién sabe, pero sé que sólo me sacaban de aquel agujero para interrogarme - Tragué nerviosamente, aun sabiendo que ya nadie me podía hacer daño – Los métodos de tortura de La Inquisición para ese punto ya se habían refinado convirtiéndose en un arte, y eran capaces de infligir dolores espantosos sin arriesgar la vida de los prisioneros, de modo de mantenerlos en agonía por meses y hasta años sin que murieran…
-Pero qué es lo que querían que confesaras? – Me interrumpió ella visiblemente angustiada.
-No lo sé – Respondí – Parte del instructivo del Manual de los Inquisidores dice que la confesión no debía ser guiada, así es que no te decían qué es lo que debías confesar.
-Y después de tanto tiempo encerrado y herido… Cómo es que no te moriste de septicemia? – Preguntó en un susurro.
-Porque La Inquisición no se arriesgaba a exponer a los presos a una muerte natural… - Respondí – Había básicamente 3 castigos que aplicaban a los prisioneros: La garrucha, en la cual nos colgaban al techo con una polea por medio de una cuerda atada a las muñecas y con pesos atados a los tobillos, para ir izándonos lentamente y soltarnos de repente, con lo cual los brazos y piernas sufrían violentos tirones y en ocasiones se dislocaban; en segundo lugar estaba la toca o tormento de agua que consistía en atar al prisionero a una escalera inclinada con la cabeza más baja que los pies e introducir un paño en la boca a la víctima, y obligarla a ingerir agua vertida desde un jarro para que tuviera la impresión de que se ahogaba (en una misma sesión se podían administrar hasta ocho cántaros de agua). Esta era lejos la peor… Me ahogaban hasta que perdía el conocimiento y cuando lo recuperaba volvían a empezar… - Me estremecí. Odiaba la idea de ahogarme, y aún como vampiro trataba en lo posible de evitar los grandes cuerpos de agua. Nunca me verían paseando por la playa o en un muelle. Mi traslado en barco hacia América había sido una de las peores experiencias que he tenido en mi vida como vampiro.
-Oh Shatz…! – Exclamó, y pude sentir la humedad de sus lágrimas en mi pecho.
Me obligué a continuar para acabar de una vez.
-La tercera forma era el uso del potro, donde el prisionero tenía las muñecas y los tobillos atados con cuerdas que se iban retorciendo progresivamente por medio de una palanca – Finalicé – Como ves, ninguno de esos castigos en sí mismo era probable que causara la muerte a menos que el verdugo fuera muy inexperto o el inquisidor muy descuidado… Aunque claro, resistir las condiciones de prisión, el hambre, el aislamiento y la tortura constante no es un paseo por el parque. Estoy seguro de que muchas veces debo haber deseado que todo acabara de una vez, pero lamentablemente el trabajo de La Santa Inquisición era despojarte, no matarte…
-Y no tienes ni una idea de qué es lo que hiciste para que te acusaran? – Preguntó.
-No, La Inquisición protegía al acusador y en lugar de que ellos debieran probar tu culpabilidad, tú debías probar tu inocencia, lo que era difícil cuando no sabías qué es lo que supuestamente habías hecho. Sé con certeza que yo no era español, porque mi manejo del idioma era cuando mucho básico, y sé que al despertar hablaba perfecto inglés y francés, por lo que me pueden haber acusado de ser Protestante si es que era inglés o de ser un “degenerado liberal” si era de ascendencia francesa. O quizás yo era un simple comerciante y me descubrieron haciendo negocios con judíos conversos que se negaban a comer carne de cerdo o alguna estupidez por el estilo… En todo caso lo peor es que tuve la mala suerte de ser capturado en Valladolid en 1561, que era uno de los peores lugares y momentos para ser acusado de cualquier cosa.
-Estuviste mucho tiempo preso? – Preguntó con un susurro.
-No lo sé… Supongo que sí… Verás… - Pensé en cómo explicarme – Mi creador resultó ser uno de los inquisidores que supervisaba y documentaba las jornadas de tortura. Era un vampiro que encontró en el seno de la Iglesia corrupta una buena oportunidad de satisfacer su veta más sádica con la sanción de La Corona.
-Era un sacerdote? – Preguntó ella, horrorizada.
-No, no, los inquisidores eran más bien un grupo secular, y aunque efectivamente había miembros de La Iglesia involucrados, era de manera más bien simbólica, porque no les gustaba ensuciarse las manos – Respondí – El asunto es que mi creador estaba aburrido de vivir solo y había encontrado en la Inquisición exactamente lo que necesitaba: Un grupo poderoso que apoyara y celebrara sus depravaciones.
-Y tú qué tienes que ver con él? – Preguntó.
-Aparentemente fui un prisionero que llamó su atención por ser bastante estoico y porque no lograron quebrarme a pesar de intentarlo por meses – Encogí el hombro – Recuerdo que él dijo en algún momento que yo me había mostrado “digno” de ser su compañero, por lo que decidió convertirme. 
-Cuando dices “compañero”… - Dijo ella temiéndose lo que venía.
-Oh sí, era todo un marica – Afirmé con una sonrisa amarga.
-No se dice “marica”, se dice “gay” – Corrigió ella automáticamente. Sonreí más sinceramente ante su candidez.
-Bueno, como sea, no había terminado de morderme cuando ya lo tenía montado sobre mí – Dije en un tono neutro, para que mi disgusto no tiñera mis palabras.
-Te… Te violó? – Preguntó aterrada.
No respondí.
-James…? – Insistió.
-Después de meses de tortura, humillación, hambre, confinamiento, vejaciones de todo tipo y aislamiento total, lo que pasó no significa nada – Dije, terminante.
-Qué pasó después? – Preguntó en un murmullo.
-Pasó que después de los peores tres días de mi vida, desperté en la armería de la prisión – Sonreí satisfecho – Desperté más fuerte y lúcido que nunca, y me lancé sobre él antes de que alcanzara a emitir una palabra. Dicen otros vampiros que he conocido que nuestro creador tiene una gran influencia sobre nosotros, pero yo no le di la oportunidad, simplemente me le lancé al cuello sin ser consiente de mi propia fuerza, le arranqué la cabeza y la lancé al fuego de la fragua. Al ver que estallaba en llamas y destruía la evidencia, lo desmembré por completo y lo incineré. Luego realicé mi escape, atacando y bebiendo a cada guardia que me encontré en el camino.
-No atacaste a los prisioneros? – Preguntó.
-No, en primer lugar porque ellos estaban encerrados en niveles más inasequibles y los guardias estaban a la mano, frente a mí, interponiéndose entre la salida y yo, pero además porque parte de mi mente aún era capaz de discernir vagamente entre lo bueno y lo malo, y si yo podía deshacerme de unos cuantos de esos sanguinarios hijos de puta en la pasada, tanto mejor.
-Y después…? – Preguntó.
-Y después nada, poco a poco me fui dando cuenta de lo que era, en qué me había convertido, y procuré mantenerme oculto dentro de lo posible, comí cuanto necesité, y traté de comenzar una nueva vida – Relaté – Lamentablemente nunca pude recordar quién era como humano, sólo conservo el recuerdo de mi encierro y mi tormento, y con eso no es mucho lo que se puede reconstruir. Eventualmente descubrí que por alguna razón aterro a los humanos e incomodo a los vampiros, por lo que me resigné a vivir en soledad, hasta que te conocí – Besé su coronilla – Te has fijado que cuando estás a mi lado la gente no huye de mí?
-No realmente – Respondió con la voz ronca, aún secándose las lágrimas – O sea… Me doy cuenta de que te tienen un poco de miedo… Sobre todo cuando pones esa cara de “si la tocas te mato”.
-No es nada comparado con lo que sucede cuando estoy solo – Dije – Las personas huyen despavoridas, es por eso que para cazar debo ser rápido, no puedo engañar a nadie para que se sientan a gusto conmigo o se ofrezcan por su cuenta. Es una de las razones por las que me muevo fuera de los márgenes de la sociedad humana. No recuerdo lo que es ser uno de ellos y con los vampiros tampoco me identifico, probablemente porque nunca tuve la ocasión de tratar con uno el tiempo suficiente para establecer algún tipo de vínculo.
 Nos quedamos en silencio unos momentos.
-James… - Dijo Isabella levantando la cabeza y mirándome a los ojos.
-Sí? – Enjuagué sus ojos con mi pulgar.
-Te amo… Ya no estás solo… - Dijo con la voz cargada de emoción.
-Lo sé Fierecilla… Lo puedo sentir – Respondí – Aquí – Puse la palma de su mano sobre mi corazón.
-Bien – Afirmó asintiendo. Respiró profundamente un par de veces para calmarse – Qué es lo que me trajeron para comer? – Dijo como tratando de sacudir las horribles imágenes que poblaban su mente gracias a mí.
-Un sándwich de pollo, ensalada de patatas, una jarra de té y un vaso de jugo – Dije – Se supone que todo es para mí, dije que tú estabas un poco enferma del estómago y que esta noche solo compartirías mi té, de ese modo no debemos lidiar con dos cenas.
-Ok, pero mañana quiero comida de verdad, no un sándwich, sino una comida caliente con ensalada, sopa y postre además del plato de fondo. Y Coca Cola – Agregó.
-A qué sabe la Coca Cola? – Pregunté súbitamente curioso mientras ella se separaba de mi cuerpo y comenzaba a tantear en busca de mi camiseta. Su cabello estaba desordenado y algunos moretones comenzaban a formarse en sus caderas y sus pechos, pero aparte de eso estaba en perfecto estado y se veía gloriosa.
-A Coca Cola!- Respondió rodando los ojos, como si fuera lo más obvio del mundo.
-Pero a qué sabe la Coca Cola? – Insistí – Todas las demás bebidas tienen una base de algún componente identificable, como la Ginger Ale que tiene jengibre, Fanta que tiene naranja, Sprite que tiene limón… Pero la Coca Cola además es negra… - Arrugué la nariz - Hay pocas cosas negras que puedas comer en la naturaleza sin morir envenenado…
-Oh, entiendo… - Dijo ella frunciendo el ceño mientras se acercaba a la bandeja que descansaba en el tocador – No lo había pensado, pero la Coca Cola no tiene gusto a nada más que a Coca Cola… Y no es negra, es de color caramelo, solo que cuando está exhibida en grandes cantidades se ve negra.
-Lo sé, lo puedo ver mejor que tú, pero la pregunta sigue sin respuesta. Si ese sabor no existe de adónde lo sacaron?
-Lo crearon en un laboratorio – Respondió ella – Un químico farmacéutico la creó buscando una cura contra la jaqueca, pero resultó que más allá de si era efectiva o no, la gente la encontró deliciosa y comenzó a comprarla en la farmacia para refrescarse. Yo creo que su éxito se debió a que en ese entonces era aún más adictiva que hoy…
-Adictiva? – Pregunté.
-Claro, tiene montones de azúcar, una lata de 355 ml tiene el equivalente a 12 cucharaditas de azúcar además de la cafeína de media taza de café, que de por sí es energizante y adictivo, pero eso no es nada, porque hasta 1902 la Coca Cola tenía cocaína en su fórmula. Después de esa fecha dicen que la quitaron… - Encogió los hombros – Pero a nadie le consta porque la fórmula es secreta.
-Cómo sabes tanto de la historia de Coca Cola? – Pregunté impresionado.
-Porque una de las excursiones que tuve cuando estaba en primaria fue a visitar la Planta Embotelladora de Coca Cola, y ahí nos contaron la historia, nos mostraron videos, nos dieron toda la soda que quisimos, nos pasearon por la fábrica y nos dieron una bolsa de chucherías marca Coca Cola a la salida – Respondió ante de hincarle el diente a su sándwich.
-Y eso está bien? No es como… Manipular a los niños? Condicionarlos desde pequeños a preferir una marca? – Pregunté ligeramente escandalizado.
-Oh sí – Asintió – Y funciona. A mí no me vas a pescar ni muerta bebiendo Pepsi.
-Por qué? No se supone que son básicamente lo mismo? – Pregunté.
-No lo son, pero es irrelevante – Respondió rotundamente – Pepsi no ha hecho nunca nada por mí, pero Coca Cola es como parte de mi familia. Sé que lavaron mi cerebro, pero no lucho contra ello, porque lo hicieron fue a fuerza de insistir e invadir cada espacio de mi vida. Auspician los campeonatos deportivos estudiantiles, apoyan causas filantrópicas, se asocian en contratos de exclusividad con otras grandes marcas, inventaron a Santa Claus, me sacaron de paseo a conocer su fábrica… Qué puedo decir? Coca Cola en mi mente está asociada sólo a buenos recuerdos, y eso es gracias a su excelente Departamento de Marketing. Pepsi en cambio es… Meh…
-Inventaron a Santa Claus? Eso no puede ser correcto… - Comenté, seguro de haber oído de la leyenda de San Nicolás siglos antes de la invención de Coca Cola.
-Bueno, no “inventar-inventar”, pero sí “masificar” – Aclaró - Fueron quienes le dieron un rostro, la apariencia moderna, lo vistieron de rojo y blanco como sus colores corporativos y lo hicieron cercano a la gente – Dijo.
-Realmente te gusta, no? – Pregunté reacomodándome en  la cama para verla mejor, pero sin intenciones de levantarme.
-Qué cosa? – Preguntó.
-La gaseosa – Respondí.
-La gaseosa me gusta mucho, pero lo que realmente me gusta es su manejo de los medios. Podrían vendernos caca de perro embotellada y probablemente la compraríamos igual.
-Pero si sabes todo eso por qué sigues comprándola? – Pregunté desconcertado.
-Es como… Es como jugar contra un prodigio del ajedrez – Explicó – Cuando te hace un “jaque mate” no te enojas, sino que agachas la cabeza y le extiendes la mano diciendo “bien jugado, la próxima vez te venceré”.
-Y en qué consiste vencerlos? – Pregunté.
-En elegir beber otra cosa – Dijo ella – Agua, jugo… Lo que sea.
-Quieres vencerlos? – Pregunté.
-Noooop. Yo amo a mi Coca Cola – Sonrió.
oooOooo
Al día siguiente bajamos tarde a tomar desayuno en la pequeña cafetería adosada al costado del motel, la cual era atendida por una chica rubia de ojos azules que parecía la versión veinteañera de Ilke, por lo que asumí que sería su nieta. Nos saludó alegremente y nos ofreció que nos sentáramos donde nos apeteciera, ya que salvo por un par de camioneros el lugar estaba vacío.
Elegimos el lugar más alejado de la ventana, por supuesto.
Isabella pidió waffles y té para ella y café para mí, y en cuanto la chica, que se presentó como Ingrid se fue a poner la orden, se inclinó hacia mí y me preguntó
-Ya está bien con el suspenso, me tienes que decir de una vez, adónde nos dirigimos?
-A un lugar divertido – Respondí encogiendo los hombros.
-Vamos a Disney World? – Preguntó abriendo mucho los ojos.
-Qué es eso? – Pregunté yo.
-Olvídalo, aún no existe – Dijo haciendo un puchero – Dime a dónde vamos! – Insistió.
-Has estado alguna vez en San Francisco? – Pregunté.
-Vamos a San Francisco? De verdad? – Preguntó emocionada.
-De verdad – Asentí felicitándome por mi idea. San Francisco era un lugar sorprendentemente liberal para los cánones del resto del país, y bastante multicultural además. Era un lugar en el que Isabella se sentiría más a gusto que en medio de la estructurada sociedad de Chicago, y tenía una población flotante de marineros y viajeros tan alta que podría cazar sin miedo a causar revuelo.
-Me vas a llevar  al barrio chino? – Preguntó.
-Si quieres… - Dije. Me daba lo mismo dónde fuéramos mientras lo hiciéramos juntos, lo que explica el motivo por el cual hice algo tan estúpido como organizar un viaje a California, un Estado permanentemente soleado. Afortunadamente todavía podría contar con un refugio en la famosa niebla que suele cubrir a la ciudad.
Ingrid regresó con nuestras bebidas y mientras depositaba las tazas humeantes frente a nosotros, nos preguntó
-Se van a quedar unos días?
-No tenemos un itinerario muy estricto – Respondí vagamente, poniendo azúcar en mi café.
-Por qué? Hay algo que hacer? – Preguntó Bella.
-Nada muy impresionante, sólo una feria campesina, pero es muy entretenida si te gustan ese tipo de cosas. Hay juegos, un concurso de escultura en mantequilla, una competencia para elegir el mejor pastel (mi abuela ha ganado 3 años consecutivos), un concurso de comer hot dogs en el que va a participar mi hermano Gunther, un zoológico de mascotas, y juegos de puntería – Respondió.
-Suena como… - Comencé. Cuál era la palabra políticamente correcta para definir “el infierno”?
-Suena maravilloso! – Exclamó Bella radiante sin dejarme terminar – Dónde es? A qué hora?
-Es en la granja de los Mckinnon, a las 5 pm. Bajando 14 kilómetros por la carretera hay una bifurcación por un camino de tierra. Va a estar bien señalizado, no se pueden perder – Dijo Ingrid – Van a ir?
-Podemos? – Me preguntó Isabella con una mirada esperanzada que me hacía absolutamente imposible negarle algo.
-Podemos – Respondí. Demonios, las multitudes no se me daban bien, pero este viaje era para ella. Eran nuestras aventuras, y si ella quería ir a ver cómo esculpen mantequilla, yo la acompañaría con una sonrisa en el rostro.
-Aaaah!  - Aplaudió emocionada – Te amo! – Me lanzó un beso – Debemos comprar entradas? – Preguntó a Ingrid.
-Sólo los tickets de los juegos y su comida – Respondió Ingrid sonriendo ante el despliegue de entusiasmo de Isabella – Si van traten de encontrarme, me gustaría presentarles a mi esposo, que regresa esta tarde.
-Regresa? De dónde? – Preguntó Isabella.
-Del circuito, John es vaquero profesional – Dijo Ingrid irradiando orgullo.
-Vaquero de circuito? Como de esos que montan toros y potros salvajes? – Preguntó Isabella, impresionada.
-Exactamente – Respondió – Hace un par de días tuvo una mala caída y se dislocó el hombro otra vez, así es que vuelve antes de lo previsto, pero a tiempo para la feria!
-Debes vivir preocupada de lo que le pueda suceder – Comentó Isabella, empatizando.
-Sí – Admitió - Siempre me preocupo, pero al casarme ya sabía quién era él y que no lo podía ni quería cambiar. Es el hombre del que me enamoré y él hace lo que lo hace feliz – Respondió encogiéndose de hombros, resignada.
-Bueno, va a ser un placer conocerlo, nunca he conocido a un vaquero de verdad – Afirmó Isabella.
-Perfecto, los estaremos esperando – Dijo Ingrid – En seguida te traigo tus waffles – Y dando media vuelta, se fue a la cocina.
-Schatz! Una feria! Y un vaquero! – Exclamó Isabella emocionada tomando mi mano.
-Nada de entusiasmarte con el vaquero. Él está casado y tú eres mía – Gruñí.
-Tuya Schatz – Repitió seriamente – Sólo tuya.
Ingrid regresó con los waffles.
-Bon Appetit! – Exclamó.
-Come rápido – Susurré cuando estuvimos solos - Entre ahora y las cinco de la tarde pretendo darte a lo menos 6 orgasmos.
Isabella me miró con los ojos redondos de la sorpresa y pinchando un waffle con el tenedor, se lo metió casi completo en la boca.
-Iiii…a s…toy…ista – Dijo masticando a toda velocidad.
oooOooo
Horas después descansábamos momentáneamente satisfechos, enredados entre las sábanas.
-Por qué sonríes de esa manera? – Preguntó lánguida, perezosamente.
-Porque creo que me superé a mi mismo – Respondí – quería darte 6 orgasmos pero dejé de contar al octavo…
-No es difícil ser multiorgásmica cuando se tiene al lado a una máquina del sexo como tú – Respondió sin inmutarse – Eso de la súper velocidad realmente tiene sus ventajas.
-Isabella…
-Mmmmh?
-Te amo.
-Yo también te amo Schatz… - Dijo besando mi hombro.
-Me haces feliz – Admití casi a desgana. Casi como admitirlo fuera yeta.
-Eso es todo lo que quiero escuchar – Respondió anidando su rostro en mi cuello - Todo lo que quiero es hacerte feliz.
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Ahí lo tienen, próximo capítulo, la feria.
Comenten, sugieran, critiquen.
Abrazos.





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