martes, 26 de julio de 2016

El Tiempo En Una Botella 7

Holas, estos días estuve “alta” así es que escribí sin parar. Tengo este cap. mas otro listo, lo que no pasa nunca, porque no me gusta escribir algo antes de tener el feedback de lo anterior.
Dicho esto, los comentarios son la única brújula que me guía, por lo que si me dan su opinión, puedo revisar hoy y publicar mañana mismo, ya que no me gusta tener a los fics de rehenes.
Si tengo el material ustedes lo van a recibir, sin un calendario de actualizaciones que de todas maneras rara vez puedo cumplir.
Espero les guste, no todo es sencillo para estos dos, pero creo que son muy interesantes.
Un abrazo.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Capítulo 7
“…Tonight you're mine, completely
You give your love so sweetly
Tonight the light of love is in your eyes
But will you love me tomorrow…
…I'd like to know that your love
Is a love I can be sure of
So tell me now and I won't ask again
Will you still love me tomorrow…”
Will you still love me tomorrow / The Shirelles
Bella POV
“Cállate y bésame”. Sólo 3 palabras, pero increíblemente poderosas. Decir esas 3 palabras debe ser lejos lo más valiente y tal vez lo más estúpido que he hecho en mi loca existencia, pero pronunciarlas me hizo sentir empoderada, en control por primera vez en mi vida. Esta era mi semana, yo tomaría las decisiones, y por la razón que sea confiaba en James y ni se me pasaba por la cabeza que él pudiera hacerme daño.

“Cállate y bésame”. Una cosa era decirlo y otra hacerme cargo del desafío.
Al menos tenía la ventaja de la sorpresa. James estaba tan ocupado con su declaración de principios que no se dio cuenta de que me tenía derretida, medio idiota por él, desde hacía horas.
No era amor, al menos no lo creo… Eso nunca pasa tan rápido, ni siquiera con Edward… Pero a medida que pasábamos tiempo juntos me sentía más y más a gusto a su lado, bromeando, desafiándonos, o en completo silencio conmigo en sus brazos.
Cómo llegué a este punto? Obviamente no es lo más raro que me ha pasado, considerando el viaje en el tiempo y todo lo demás, pero es una de las cosas que más he ha sacudido. Porque James me importa. Genuinamente  me importa. Es más, me gusta, y mucho, aun sabiendo cómo van a terminar las cosas entre nosotros… Porque regresar a mi línea espacio temporal es inevitable, no? Así como llegué me iré, y cada día extrañaré al vampiro que se rió tanto que se cayó del columpio, que no temía tocarme, que cada vez que está orgulloso de algo que hice o dije besa mi frente o mi cabello...
Jodido James, ojalá fuera feo, tuerto o jorobado al menos! Pero para nada. El maldito es guapo, delicioso, y lo sabe.
-Pídemelo otra vez – Susurró con su frente contra la mía sacándome de mis ensoñaciones.
Respiré profundamente, tratando de plasmar en mi memoria cada detalle de su rostro.
-Bésame James, bésame rápido, antes de que recupere el buen juicio y salga corriendo para no volver – Dije medio en serio y medio en broma.
-No juegues con fuego Isabella – Dijo entre dientes, lanzando fuego con los ojos - Crees que puedes escapar de mí así nada más? – Tomó mi rostro con ambas manos y se aseguró de que lo mirara de lleno cuando me dijo – Te voy a encontrar donde estés, no importa el lugar del mundo, porque tu esencia está grabada para siempre en mí.
Qué curioso, ambos habíamos estado haciendo básicamente lo mismo: Capturar los preciosos momentos que tuviéramos juntos ante un futuro incierto.
Él para perseguirme y yo para no olvidar.
-James – Susurré moviendo mi nariz contra la suya – James… - Repetí poniendo mis manos sobre las suyas que aún acunaban mis mejillas. Entrelacé nuestros dedos y pude ver la mal velada desesperación en sus ojos. No sé qué nos unió, pero al menos yo tuve la suerte de tener una vida acompañada. No tenía una familia perfecta, pero tenía una familia. No tenía muchos amigos, pero tenía unos pocos. Mi novio y su familia no resultaron ser lo que yo pensaba, pero al menos tuve un novio.
James no.
James estaba solo, siempre.
Hasta que aparecí yo, sin temor.
Hasta que lo hice reír.
Él dependía más de mí que yo de él. Estoy bastante segura de que en ese momento no había nadie en el mundo que le significara más que yo.
Porque para él yo era un milagro, una en un billón.
Debía tratarlo bien. Él era muchísimo mayor, pero sus sentimientos estaban sin estrenar y a flor de piel, sensibles por su inexperiencia. Él sabía de sexo, pero no de intimidad. Yo no sabía nada de sexo, pero no tenía reparos en sentir mis emociones. De hecho hay quienes dicen que tengo muchas y las siento demasiado.
-James – Repetí susurrando, tratando de serenarlo y que se enfocara en nosotros, en el presente, no en lo que podría pasar – Bésame… Dame un beso  de verdad… Enséñame a besarte… -Dije casi rozando sus labios con los míos.
Eso fue como darle un balde de Viagra.
Se lanzó sobre mí sacándose la chaqueta en el proceso y la tiró al pasto, donde segundos después estaba recostada de espaldas, y él con la mitad de su cuerpo sobre mí.
Su peso no me aplastó. Se sentía… Increíble. Quería que me hundiera en el césped, que dejáramos un bajo relieve con forma de Bella, como en las caricaturas.
-Qué quieres aprender? – Preguntó besando mi cuello. Era difícil concentrarme en contestar con él succionando justo sobre mi punto del pulso. Y no por temor a ser la cena, sino porque sus caricias no las estaba sintiendo sólo en el cuello. De alguna forma se replicaban en algún lugar sobre mi clavícula, mi bajo vientre y mi sexo, haciéndome retorcerme en búsqueda de algo, pero sin saber qué o cómo obtenerlo.
Esto no era como las veces que Edward me excitó con sus mínimas caricias y luego me dejó con ganas de más, esto era una verdadera necesidad, frenética y casi dolorosa.
-Enséñame a besar… Nunca he recibido un beso de verdad, y quiero que tú soluciones ese problema – Repliqué arqueándome hacia él con los ojos cerrados, exponiendo más piel, necesitando más.
 -Cómo puede ser…? – Preguntó levantando la vista hacia mí.
-Edward nunca quiso arriesgarse a acercarse tanto a mí. Además ahora que lo pienso, creo que le producía cierto placer sádico encenderme para luego retirarse y dejarme frustrada - Expliqué tratando de quitarle importancia, tratando de regresar a lo nuestro – Supongo que así tenía aún más control sobre mí.
-Y tus novio antes de él? – Preguntó.
-Ya te dije que era un ratón de biblioteca – Rodé los ojos - En general huía de los chicos, especialmente cuando se acercaba algún baile – Confidencié.
-Nadie te ha tocado? Cómo es posible? – Preguntó casi agraviado.
-De verdad eres raro, uno pensaría que te gustaría la idea, en general los hombres prefieren que sus mujeres tengan un historial amoroso corto o nulo… - Dije sin entender por qué estábamos hablando de nuevo. Yo lo quería en silencio y acariciándome, no quejumbroso por mi falta de experiencia.
-No lo puedo creer – Dijo frunciendo el ceño.
-Bueno, créelo o no, cosa tuya, ahora muévete, sal de mi camino, me voy a almorzar – Lo empujé, avergonzada y ofendida.
-Qué? No! Por qué? – Preguntó casi haciendo pucheros.
-No sabía que este asunto sería una complicación para ti, pero no pasa nada, que estoy segura de que encontraré a alguien dispuesto a enseñarme lo básico eventualmente – Seguí empujando.
-Complicación? Qué complicación? – Preguntó torciendo la cabeza de esa forma que hacía que el muy bastardo fuera no sólo hermoso, sino adorable. Era injusto.
-Mi inexperiencia… El besarme hasta que me salga bien – Respondí, súbitamente cansada cuando se disipó la adrenalina, y bastante humillada por lo explícita que había sido al mostrar mis ganas de él – Es al parecer una carga muy pesada.
-Por supuesto que te  voy a besar hasta que pidas piedad, y entonces te voy a besar un poco más para estar seguros! – Dijo ofendido y frunciendo el ceño – Lo que no entiendo es cómo es posible que hayan avanzado tanto tecnológicamente en tu tiempo si la especie está involucionando y los hombres se volvieron estúpidos. Tal vez por eso las mujeres trabajan en todos esos puestos de poder – Reflexionó.
-De qué rayos estás hablando? Déjame ponerme de pie! – Demandé aún aplastada por él, que ni se había dado cuenta de que yo seguía tratando de escapar.
-Si no hubo siquiera un hombre digno de ganar tu atención, no me queda más que pensar que son todos un montón de monos glorificados tirándose excremento los unos a los otros – Declaró y volvió a hundirse en mi cuello.
-Qué te pasa? Quién te crees que eres? – Pregunté menos firmemente de lo que hubiera deseado.
-Tu piel en esta zona es tan delgada… - Recorrió la columna de mi cuello con la punta de su lengua, sumido en su propio mundo - Puedo ver cada vena y arteria… Casi puedo saborear tu sangre – Dijo como hablando solo.
-Quedémonos en el casi – Respondí de inmediato.
-No seas así Isabella, esta parte no está vestida – Depositó un lánguido beso en el hueco de mi clavícula.
-O me das mi jodido beso o me voy a preparar unos fideos, estoy cabreada y hambrienta, si estuviera en mi período ya estarías muerto – Le dije muy en serio.
-Yo… Yo sólo quería alargar el momento… - Dijo sonando triste y confundido - Este  no es sólo tu primer beso, es nuestro primer beso, tuyo y mío… Supongo que  lo hice todo mal… - Rodó sobre su espalda para liberarme y quedar acostado a mi lado, con los ojos cerrados, probablemente auto flagelándose mentalmente.
No lo pensé, no realmente. Tan solo me incorporé y levantando una pierna quedé a horcajadas de su estómago, y antes de que alcanzara a reaccionar me agaché y le planté un dulce y tímido beso en la comisura de su boca, e inmediatamente tomé su labio inferior entre mis dientes y lo mordí (no violentamente, claro, a mí me gusta tener todas mis piezas dentales intactas).
-Me vas a besar maldita sea – Dije contra su boca. Sus ojos estaban abiertos y sus manos se aferraban a mi cintura – Así tenga que morderte, arañarte o tirarte piedras, me vas a besar porque no quiero tener que ir a pararme a una esquina a ver quién se ofrece…
Un gruñido aterrador salió de su pecho y nuevamente me encontré de espaldas con él sobre mí.
Estaba furioso, respirando agitado y con los ojos cerrados.
No me dio miedo... Me gustó.
Me estiré un poco y alcancé el costado de su cuello con mi boca, y lo lamí desde la base hasta el lóbulo de su oreja.
Los gruñidos se detuvieron.
La respiración siguió agitada, pero su mirada se enfocó en mí.
Acaricié su mejilla y le sonreí.
-Este debe ser el peor preludio romántico de la historia de los primeros besos – Dije, y su mirada se entristeció otra vez – Pero todavía quiero que seas tú… Ven, acércate… Enséñame, sí?
James fue descendiendo tentativamente hasta que nuestros rostros estuvieron a pocos centímetros de distancia, y entonces besó mis párpados, y recorriendo con la punta de la nariz mi mejilla, por fin llegó a su destino y reclamó mis labios.
Se movió lenta y tiernamente, casi lánguido, dándome tiempo para seguir su ejemplo, y al poco tiempo ya abríamos la boca, llegando mucho más allá de lo que Edward me permitió jamás.
-James… - Jadeé con mis dedos enredados en su cabello.
-Mmmmmh? – Preguntó.
-Lo estoy haciendo bien?
-Ajaaaaa – Asintió y volvió a reclamar mis labios, esta vez separándolos con la punta de la lengua.
Yo me dejé llevar y mi lengua salió al encuentro con la suya, echando por la borda todas las historias de terror que me contaron acerca de besar a un vampiro.
Fue una experiencia increíble. Porque estábamos recostados en la hierba, porque nos encontramos en el tiempo y lugar adecuado, porque nuestros sentimientos recién descubiertos nos llenaban de endorfinas, y  porque entrar en sincronía no nos costó ni un poco.
Era una danza que ejecutábamos desde el principio de los tiempos. Él y yo estábamos destinados, lo sentí como una certeza irracional e irrefutable. Puede que no supiera poner nombre a mis sentimientos, pero de seguro eran magia poderosa.
Sus manos en algún momento desarmaron mi coleta y mi cabello fue abanicado todo a mi alrededor.
Ambos estábamos jadeantes y felices, incapaces de dejar de sonreír.
Él no dejó de besarme ni yo de acariciar su rostro, hombros y brazos, y fue infinitamente dulce, porque él lo hizo así para mí.
Una emoción sin nombre fue creciendo hasta que eventualmente pareció desbordarse de mi pecho, y un par de lágrimas se deslizaron por mis mejillas. Él de inmediato se detuvo.
-Qué pasa? Te hice daño? – Preguntó estudiándome atentamente.
Negué con la cabeza.
-Isabella, qué hice mal? Fui demasiado rápido? Te apreté muy fuerte? – Preguntó luciendo perdido y casi vulnerable.
Negué una vez más.
Con una mano acaricié su mejilla y con la otra ordené su cabello. Él reclinó la cabeza hacia la palma de mi mano y cerró los ojos unos segundos.
-Son cosas de niña – Dije con la voz quebrada.
-No me quieres contar? – Preguntó.
-No entenderías – Dije sin dejar de acariciarlo – Eres niño.
Él sonrió.
-Pruébame – Dijo.
-Sentí… No sé cómo explicarlo… - Pensé un momento - Me sentí tan feliz que creí que estallaría, me dolió el corazón porque no daba abasto, así es que como una represa que debe liberar agua o se desborda, regulé mis niveles con unas pocas lágrimas – Dije sin hacer ningún sentido salvo a mí misma.
-Entonces estas no son lágrimas – Dijo con toda naturalidad, capturando una con su dedo índice – Son felicidad líquida.
El alivio que sentí de que comprendiera y no me hiciera sentí una completa imbécil me hizo regalarle una sonrisa de un millón de dólares, mientras él se llevó el dedo a la boca y comentó
-Huph! Era de esperarse… La felicidad tiene gusto a ti.
oooOooo
Un largo rato después regresamos a la casa tal como salimos, de la mano, con la diferencia de que cada par de árboles él me empujaba para besarme contra el tronco, atrapándome con su cuerpo, abrumándome con su tamaño, y deslumbrándome con su belleza.
No podía esperar a que hubiera un día soleado y lo pudiera ver brillar en todo su esplendor.
Fue un trayecto bastante largo.
Cuando llegamos a la casa entramos directamente por la cocina y me dirigí a la despensa a sacar espaguetis y harina para preparar una salsa bechamel con jamón.
-Si quieres puedes ir a hacer otra cosa mientras cocino – Le dije parándome frente a él, que estaba sentado en una silla.
-Por qué querría ir a hacer otra cosa? – Preguntó tomándome de la cintura y apoyando su mejilla en mi estómago.
-No sé, dicen que mi comida es apestosa y que luce repulsiva… - Encogí los hombros.
-Banda de pretenciosos hijos de puta… – Masculló.
-Ugh?
-Tu comida huele a comida humana, eso es todo. No es más asquerosa que la comida de cualquier otra especie animal ni huele peor, recuerda que nosotros en algún momento también fuimos humanos, así es que sólo porque ya no nos apetezca no significa que es repulsiva. Yo he vivido lo bastante como para poder reconocer olores realmente terribles y tu pasta no es nada más que una serie de ingredientes en buen estado, simplemente otro estímulo sensorial… De hecho considerando nuestras propias fuentes de alimentación no sé cómo tienen cara para darse aires de superioridad – Declaró. Nunca antes lo vi así.
-Pero… Siempre se quejaban del olor cuando Esme cocinaba algo para mí, aunque fuera sólo un sándwich de pavo – Dije.
-Y cómo te  sentías después de comer? – Preguntó frunciendo el ceño sin soltar mi cintura.
-Culpable – Respondí de inmediato.
-Y eso te hacía más sumisa, porque tratabas de compensarlos por el “mal rato” que los hiciste pasar al comer – Finalizó – No te parece absurdo?
Nos miramos a los ojos.
-Control – Dijimos al mismo tiempo.
-Ay Fierecilla, sí que jugaron contigo, no? – Me preguntó resignado, tirando de mí para sentarme en sus piernas.
-Sip, me jodieron bien jodida – Asentí y apoyé mi cabeza en su pecho. Ni siquiera estaba enojada ni herida. Estaba tan feliz y en paz en los brazos de James, que los Cullen podían irse mucho a la mierda.
James susurró un par de sucias frases en mi oído acerca de qué tan jodida estaba y qué tan jodida quería estar, haciéndome reír y levantar el rostro para besarlo.
-Gracias – Dije después de un leve roce de labios.
-Por qué? – Preguntó.
-Por ser, por estar… Gracias.
-No me mires así Isabella – Me dijo muy bajito.
-Así cómo? – Pregunté.
-Así... Niña… Dulce… Cuando peleamos es más fácil, pero cuando me miras así siento vértigo por lo rápido que caigo… - Dijo.
-Lo bueno es que al menos caemos juntos – Dije besando la línea de su mandíbula – Y entonces el viaje es más entretenido…
Él gruñó y me abrazó tan fuerte como resistí, hundió su rostro en mi cabello y se quedó así algunos minutos.
oooOooo
Preparé mis tallarines y comí en el comedor de diario, en el extremo opuesto a James. Él estaba un poco introspectivo y yo aún no le contaba de mis planes, así es que le dije
-James?
-Mmmmh? – Me miró.
-Necesito decirte lo que pensé…
-Es cierto! Bueno, dime, qué es lo que pensaste? – Se animó.
-Cuando fuimos al supermercado escuché a unas chicas hablando del comienzo de clases de su escuela, que es mañana…
-A media semana? – Preguntó él, extrañado.
-Sí, en todas las escuelas del país se comienza un martes o miércoles para ayudar a los alumnos a aclimatarse en el ambiente escolar – Expliqué.
-Lo siento, continúa – Me dijo gesticulando.
-Bueno, lo que quiero es ir a clases esta semana, al menos un día o dos, y asistir al baile de bienvenida que es el viernes – Dije apretando los puños de pura ansiedad, pero sin desviar la mirada - Nunca he ido a un baile por mi propia voluntad, y la música está en un tan buen período, y los vestidos de esta época son tan lindos, y seguro Alice empacó o tiene algo que me sirva, o sino tengo un cerro de billetes para comprar lo que necesitemos…
-Quieres que perdamos medio día cada día en el que podríamos estar juntos para que tú vayas a una secundaria que no te va a certificar ni a enseñar nada que no sepas? Todo lo que te traten de enseñar va a estar obsoleto! Y qué hago yo en esta jodida casa sin ti? Recién te tengo y ya quieres que te deje ir? – Preguntó luciendo un poco herido.
-Lo que quiero es la experiencia de la vida en la secundaria en esta época, que debe ser radicalmente opuesta a lo que fue la mía. Cuando iba en Phoenix debíamos pasar cada día por un detector de metales y nuestros bolsos eran escaneados por rayos X para evitar que alumnos ingresaran armas de fuego o cuchillos. También había problemas de drogas y pandillas – Expliqué – En cambio este es un período que luce mucho más inocente, y quiero ver con mis propios ojos si lo he idealizado o no.
-Rayos X? Control de armas en las escuelas? – Preguntó él incrédulo.
-Ha habido algunos asesinatos masivos, alumnos que han entrado a sus escuelas y le han disparado al que se le cruce, a todo lo que se mueve – Dije asintiendo.
-Más de una vez? – Preguntó incrédulo.
-Muchas veces – Dije suspirando – Por eso es lindo ver a la gente que camina segura por las calles, que se saludan, que se esfuerzan por ir bien presentados a todas partes, una sociedad donde las normas de cortesía aún se respetan… Mi tiempo ha tenido enormes avances científicos y tecnológicos, como los que te conté y muchos más, pero los valores de la humanidad se han deteriorado bastante. Yo sigo la corriente de pensamiento liberal, pero no puedo dejar de pensar en los niños odiosos y maleducados que va a criar mi generación y en el mundo horrible y maltratado que les vamos a heredar.
-Pero Isabella, por qué no me lo dijiste antes? – Preguntó arrodillándose a mi lado.
-Porque hemos hablado sin parar, pero no podemos cubrirlo todo en 24 horas, menos cuando uso 8 en dormir – Acaricié su cabello.
-Si quieres ir a la escuela, lo entiendo - Dijo lentamente – Lo siento si me alteré más de la cuenta… Te voy a esperar a la salida cada día y no voy a gruñir ni una vez – Prometió.
-Pero que mentiroso que eres, estás gruñendo ahora de puro pensarlo! – Reí y era verdad. Una suave vibración sacudía su pecho.
-Isabella…
-James, dije que quería ir a clases, no que quería ir a clases sola. Quiero que vayas conmigo… - Dije.
-Escuela? Yo? – Me miró como si estuviera loca.
-Sí, tú – Asentí acariciando su mejilla. Ya le hacía falta una afeitada, por el bien de mi rostro, que se sentía recién exfoliado, y para verse más joven – Qué edad tenías cuando estiraste la pata?
Él soltó una carcajada.
-Alrededor de 22 o 23 años, no estoy seguro – Dijo.
-Bueno, Emmett tiene 20, casi 21, y es enorme, mide 1,98mt y es ancho como un ropero de tres cuerpos. Si él puede pasar por estudiante, tú también – Decidí.
-Y mis ojos? – Preguntó.
-Tus lentes fotocromáticos – Respondí.
-Y si no me dejan usar lentes oscuros en clases? – Preguntó.
-Dices que son medicados y que eres fotosensible y que al día siguiente llevarás una nota del doctor de ser necesario. No creo que lo sea – Dije.
-Y… Y el miedo? – Dijo, mencionando la verdadera razón para su reticencia.
-Creo que no verte a los ojos ayudará – Dije – Y tú vas a ser lo más amable que puedas, es sólo por un par de días.
-Me van a temer – Dijo – Tú eres la única…
-Lo sé – Dije – Pero vamos a suavizar tu imagen, y yo voy a estar a tu lado todo el tiempo.
-Y qué se supone que seríamos tu y yo? – Preguntó.
-Mmmmh… Hablas sueco o finés? – Pregunté.
-Algo de sueco, muy rudimentario – Respondió.
-Entonces tú podrías ser un alumno de intercambio de Finlandia que no habla mucho inglés y yo la chica que te recibió en mi casa.
-Intercambio? – Preguntó.
-Sip, nosotros mandamos a mi hermano Mike a tu casa, y ellos claramente salieron perdiendo en el trato – Dije, inspirada.
-Quién es Mike? – Preguntó.
-Un chico incansable en la búsqueda de sus objetivos – Dije.
Él levantó una ceja.
-Un chico que me invitó a salir desde mi primer día de escuela en Forks y nunca supo entender que no es no. Lo peor es que yo trabajaba en la tienda de sus padres, así es que él ordenaba los turnos para que estuviéramos juntos – Sonreí.
-Te acosaba? – Preguntó luciendo criminal.
-Nah, nunca fue un problema y además me subía la autoestima,  él sólo era persistente. Pero lo importante es que podemos usar los datos de Mike, porque los sé todos, hasta su firma, entonces no tenemos que crearte toda una identidad humana ni preocuparnos de que suene real – Dije.
James se mantuvo con el ceño fruncido.
-Si no quieres hacerlo lo comprendo – Le dije – Iré a clases sólo mañana, eso será suficiente… Pero del baile no te salvas.
-Es que no sabes que haría cualquier cosa por ti? Sé que va a ser un desastre, pero voy contigo. Yo tampoco he ido a la escuela durante este siglo, así es que quién sabe? A lo mejor aprendo algo nuevo! – Dijo besando la palma de mis manos. Se puso de pie y se sentó en su silla.
“Gracias”, modulé y recogí mis platos.
Él me miró trabajar sin decir nada, hasta que cuando secaba un vaso, él se acercó por detrás y me abrazó. Puso sus labios junto a mi oído y dijo
-Sabes? Incluso cuando no me miras, sigo cayendo.
oooOooo
-Otra vez? – Preguntó descorazonado.
-Otra vez, o si no cómo? – Respondí.
-Isabella… Aaaagh! – Gimió pasándose las manos por la cara.
-Tú lo dijiste, no yo. Mis decisiones toda una semana. Tus decisiones la próxima – Sonreí.
-Y tú le estás sacando provecho a tu poder, verdad? – Levantó una ceja.
-Sería muy tonta si no lo hiciera – Respondí – Cuánto tiempo crees que te demorarás?
-Al menos una hora… - Respondió enfurruñado – Tengo que encontrar uno que te guste pero que además no apeste…
-James… - Susurré contra su piel.
-Mmmmmh? – Preguntó.
-Me haces feliz.
oooOooo
Mientras James se fue a buscar un nuevo auto para nuestra cita, yo obviamente usé ese tiempo para arreglarme un poco. Era nuestra primera salida como pareja y quería que fuera perfecta.
Como siempre, Alice había empacado calculando cualquier circunstancia, y después de un rato de deliberación, había escogido el vestido y los accesorios necesarios.
Me fui al baño y me desvestí, quedando frente al espejo sólo en bragas.
Le gustaría desnuda a James?
Mi cuerpo no era feo ni tenía ninguna singularidad que pareciera una mutación genética, pero tampoco estaba hecho del material que repleta las revistas.
No, mi cuerpo era delgado, pero armonioso. No era vergonzosamente enjuta, ni tampoco era de esas  personas tan flacas que se les ha consumido el trasero. No, se podría decir que yo tenía de todo un poco, solo que no en la forma agresiva que se veía en los medios en mi tiempo. Supongo que otros me llamarían “frágil” por mi estructura y pálido colorido, pero mi mamá decía que mi figura era elegante, y que cuando aprendiera a caminar con los hombros atrás y el mentón levantado comprendería que la prestancia y gracia son cualidades atemporales que adornan más que las joyas, y en cambio la silicona, el colágeno,el bótox y los bronceados tienen una fecha de vencimiento que en un dos por tres convierte a las mujeres de gatitas sexi en viejas patéticas.
Me dijo que probablemente yo nunca sería la chica más llamativa del lugar, que nunca atraería las primeras miradas con mi escote o mis curvas infartantes, pero que una vez que se fijaran en mí no me volverían a pasar por alto.
Yo nunca lo creí, descartándolo como una especie de discurso de consolación ante el hecho de que mis amigas ya usaban sostén y yo no, pero ahora, mirándome al espejo, me di cuenta de que no había ninguna parte de mí que detestara, nada que realmente deseara cambiar.
Claro que no era perfecta, me faltaba tonicidad muscular y parecía un fantasma por lo pálida, por no mencionar que me encantaría llenar más la copa de mi brassier, pero eso en realidad no importaba, porque los seres humanos no somos partes y piezas, y mis características, fueran defectos o no, creaban un todo armonioso, amable a la vista.
Me miré en cada dirección, desde cada ángulo, y cada vez me sentí más tranquila.
Él sabía cómo soy, lo debe haber visto la noche anterior, y estaba tan entusiasmado con lo nuestro como yo.
No valía la pena perder tiempo en falsas modestias y baja autoestima cuando en cualquier momento esto podría acabar.
Llevé la mano al collar que colgaba entre mis pechos y la otra a la bolsita de té que guardaba en la cadera derecha de mis bragas. No podía separarme de ellos, porque no sabía qué podía pasar si lo hacía o cuando los necesitaría.
Me pregunté cuándo sería el momento adecuado de beber la segunda taza de infusión, pero rápidamente me desvié de esa línea de pensamiento cuando por primera vez desde que llegué a la casa, sonó el teléfono.
Dudé en si contestar o no. Seguro que los Cullen no eran, no tenían razón para llama a su casa vacía, pero qué tal si era James? Qué tal si era una emergencia?
Me envolví en una toalla y corrí a contestar.
-Hola? – Pregunté.
-Bella? Eres tú? – Preguntó una voz muy familiar.
-Alice? Alice estás bien? – Pregunté frenética.
-Bella, esto es tan raro, incluso para mis estándares – Rio nerviosa – No sé qué es lo que está pasando ni porqué el tiempo se desdobló generando una infinidad de posibles futuros, y algo me dice que es mejor que no lo sepa.
-Yo tampoco lo entiendo – Murmuré.
Un par de fuertes brazos rodearon mi cintura por la espalda. James había vuelto a casa.
Ni se me ocurrió pensar que estaba descalza y cubierta sólo por una toalla, atuendo bastante escandaloso para la época.
-Bella, no te conozco ni sé cómo nos conoces a nosotros, a menos que tengas el don de la precognición como yo, pero tuve las visiones y actué en cosa de minutos en base a lo que me pareció mejor en el momento. Me vi ayudándote con la maleta y saqué a la familia de la casa – Dijo – Pero ellos se están inquietando por mi falta de explicaciones, y Edward está tratando de encontrarme con la guardia baja para saber lo que sucede…
-No! Alice, no, Edward y yo no nos podemos encontrar. Alice, yo soy su cantante! – Exclamé.
-Fous le camps! – Exclamó – Oh… Ese, ese… Morceau de merde!
-Agh? – Pregunté.
-Tienes hasta la madrugada del lunes – Dijo respirando profundo para calmarse - Nosotros llegaremos a las 9 de la mañana. Espero conocerte algún día Bella, perece que tienes interesantes historias que contar…
-Gracias Alice, en otro momento y otro lugar creo que fuimos buenas amigas… - Le dije, pero me callé cuando escuché el “click” del otro lado del teléfono.
Colgué el auricular y me giré para mirar a James. Necesitaba ver su reacción a su cantante.
-Cómo estás? – Pregunté.
-Fastidiado – Respondió – Forcé 5 cerraduras antes de encontrar uno que no apestara.
-Sobre Alice – Aclaré – Qué sentiste al oírla hablar?
-Nada – Dijo firmemente – Ella no es nada para mí, sólo una útil distracción que me llevó a encontrarte. Nunca la he tenido al frente, y nunca cruzamos palabra, tan sólo era una chica que olía excepcionalmente bien.
-Y ahora? – Insistí.
-Ahora es un vampiro que huele como vampiro. Conserva parte de su esencia, pero no lo suficiente como para atraerme, después de todo no soy un caníbal, no puedo beber su veneno – Encogió los hombros – Además su esencia está mezclada con la de su pareja, que es una marca de posesión muy agresiva. Sería un imbécil en enfrentarlo arriesgando mi vida para tratar de llegar a ella cuando en realidad ni siquiera me importa cómo está… - Cambió el tono a algo más bajo, puramente masculino - Ahora estás tú… Con muy poca ropa… Pretendes seducirme Isabella? Porque te aviso que no soy fácil, no me bajo los pantalones antes de la tercera cita.
-Si James, me pareció que esta es la tenida más sexi que podía usar para bajarte los pantalones – Dije abrazándolo y besando su mejilla – Me estaba metiendo a la ducha cuando sonó el teléfono…
-Entonces estás desnuda bajo esta toalla? – Preguntó abriendo los ojos dramáticamente.
-Bastante desnuda, si… Aunque no sé cual es la diferencia, tú también estás desnudo bajo tu ropa, a menos que te hayas puesto un segundo par de ropa interior? – Pregunté jugando con la pretina de sus jeans.
-Juegas con fuego – Amenazó acercando mis caderas a su cuerpo.
-Y me va a quemar? – Jadeé.
Él miró su reloj de pulsera y dijo
-No, estamos con el tiempo justo, así es que anda a bañarte – Dijo desanimado, girándome y dándome una palmada en las nalgas.
James usaba reloj en la muñeca. No me había fijado, y se me hizo raro porque nadie de mi generación usa reloj. Ni Charlie usa reloj! Aunque supongo que James es bastante más viejo que mi generación o la de mi papá.
-James! – Grité desde la ducha.
-Mmmmmh? – Preguntó desde la puerta.
-Qué es lo que dijo Alice? Sonaba a francés? – Pregunté.
Él soltó una carcajada.
-Mary Alice es de Biloxi, Mississippi, y ahí se usa la lengua cajun, que provine del francés, intercalándola con el inglés. Tienen algunas palabras interesantes, pero la mayor parte del tiempo no se les entiende un carajo… Lo que Alice te dijo fue algo así como “No me jodas!” y luego llamó a Edward literalmente un “Pedazo de mierda”.
-Nunca antes la escuché decir una palabra en cajun, ni tampoco una grosería, los Cullen son muy correctos, salvo Emmett cuando pierde en los videojuegos… Recuérdame que te cuente lo que son esos – Dije saliendo de la tina y empezando a secarme.
-Te lo recordaré sin falta – Prometió – Y bueno, con respecto al apropiado uso del lenguaje, acuérdate de que Mary Alice ha tenido 65 años para refinarse antes de conocerte – Dijo él.
-Pero Alice era una niña rica, no? - Pregunté poniéndome el collar.
-Una que pasó todo un largo tiempo en un asilo donde eran tratados como animales. Los insultos y groserías por parte de los trabajadores y pacientes deben haber sido la única forma de comunicación que tuvo sus últimos días – Dijo sin inflexión.
-Pobre Alice – Suspiré – Estuvo jodida desde el principio: Para escapar de ti fingió estar loca, se fue a internar al mismísimo infierno, y terminó en manos del vampiro que la convirtió – Dije mientras me vestía.
Silencio. Pensé que James se había ido a buscar algo o a ventilar el auto del olor a viejecita, y no le di importancia.
Terminé de vestirme y me hice una coleta alta. Me puse brillo en los labios, me curvé las pestañas con una cuchara, y salí del baño feliz, solo para encontrarme a James sentado en el suelo, apoyado contra la pared.
-Isabella… Cómo puedes estar conmigo sabiendo lo que soy? – Preguntó cubriendo su rostro con sus manos.
Creo que de haber podido, él habría derramado unas cuantas lágrimas, genuinamente atormentado.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Chaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan!!!!!

1 comentario:

  1. Te vas a ir al cielooooooo.........
    Que emocion :)
    te aventaria globos y serpentinas :)

    ResponderBorrar

No olvides comentar!!!

Calendario