miércoles, 13 de julio de 2016

El Tiempo En Una Botella 4

Actualización extra rápida, de esas que escribo para que no se me escapen las ideas.
Ojalá  les guste.
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Capítulo 4
Put your head on my shoulder
Hold me in your arms, baby
Squeeze me oh so tight
Show me that you love me too

Put your lips next to mine, dear
Won't you kiss me once, baby
Just a kiss goodnight, maybe
You and I will fall in love
(You and I will fall in love)
Put Your Head On My Shoulder Paul Anka

James POV
-James, suéltame, la gente está mirando – Dijo Isabella con voz forzadamente tranquila. Yo dejé de sacudirla, pero no la solté.
Cómo era posible que ella no fuera capaz de actuar en su propio beneficio? Yo sencillamente odiaba que se hubiera resignado a morir; odiaba que se hubiera resignado a que el que la mataría sería yo; odiaba las sensaciones y sentimientos foráneos que estaba despertando en mí, haciéndome reír por primera vez en lo que se sentían siglos, interesándome en cosas nuevas, despertando mi ansia de conocimiento, haciéndome desear ampliar mis horizontes, e incluso demandando que masajeara sus pequeños pies…!

Isabella definitivamente estaba chiflada, lo que no me importaría si no fuera por su estúpida temeridad a la hora de enfrentar a sus predadores naturales…
-En primer lugar – Continuó hablando - He sabido desde el principio que comes humanos, así es que no es una sorpresa para mí. En segundo lugar, no hay nada de malo en usar ropa de segunda mano, yo he encontrado cosas súper interesantes en la tienda del Ejército de Salvación; simplemente no veo por qué sería mejor desperdiciar la ropa de quienes perdieron la vida por ti. Y en tercero, de toda la gente de este lugar, soy la que está más a salvo, porque de momento te divierto y no me quieres matar, en cambio los demás no significan nada para ti – Terminó muy satisfecha consigo misma.
Mierda, la humana tenía razón… Al menos en parte… Ella era la primera persona o creatura en tratarme como algo más que el predador. Ella sabía que bajo mi disfraz humano se escondía la piel de un asesino, pero no me cuestionó.
Tan maldito fui en el futuro que en comparación mi yo actual le resulta hasta agradable?
Ante esta idea por fin mis manos se destrabaron liberando sus brazos, pero no fui capaz de alejarme, demasiado aturdido por sus palabras. Su aceptación a mi especie y a mí en particular era completa. Ella no me idealizaba por mi atractivo exterior ni se extrañaba por mi dudosa moralidad, (lo que demostraba su inteligencia, ya que estaba totalmente en lo correcto). Pero lo más importante, es que ella sabía o al menos intuía que ella sería la última humana del planeta que yo asesinaría, porque de alguna retorcida manera la comenzaba a considerar como mía.
Y eso, en la vida de quien nunca tuvo nada ni a nadie, es un enorme hito.
Montones de emociones opuestas me embargaron. Quería yo ser parte de algo más grande que yo mismo? Quería involucrar en mi vida a una humana? A una muy joven por lo demás…
Era esta una oportunidad o una maldición?
Qué hay de los Cullen?
De Mary Alice?
Era mi interés en Isabella más poderoso que mis ganas de volver a ver a mi cantante?
Y de verdad quería verla si ya no me interesaba matarla?
Preguntas, preguntas, preguntas…
-Todo bien? – Preguntó un hombre de unos 40 años, probablemente el administrador de la tienda.
-Sí, todo bien, muchas gracias – Sonrió Isabella, encantadora aunque no muy convincente.
-Está bien, si me necesita estaré al frente – Dijo él, a todas luces cagado de miedo de que yo me pusiera violento y lo enfrentara.
-James – Susurró ella acercándose aún más a mí. Yo no reaccioné – Vamos, ven conmigo – Dijo y entrelazó su brazo al mío y empujó el carrito con su cuerpo y la mano libre. Una vez que hubimos doblado por otro pasillo ella se giró a mirarme – Estás bien?
Simplemente la seguí mirando como si estuviera catatónico, planeando en mi cabeza miles de escenarios  posibles... No había realmente nada que pudiera decir para explicarme, porque los humanos no comparten nuestros más básicos instintos, y además no sabría exactamente qué decir, cómo revelar lo que yo mismo no comprendía… Y claro, porque en ese instante yo no la conocía lo suficiente como para predecir sus emociones, ni sabía qué tan bien se tomaría el saber que planeaba quedármela para mí.
-James… – Repitió acunando mi mejilla con su mano. Era la mano del brazo que marcaba mi mordida, y su caricia ponía inconscientemente su muñeca justo a la altura de mi boca.
-Por qué insistes en tratar de que te mate? – Pregunté con un gruñido, tomando su antebrazo y acercando aún más el punto de su pulso a mi boca. Su corazón se disparó, y dejó de respirar.
Se veía como un conejo encandilado por un foco, y no supe discernir su expresión: No supe si estaba demostrando miedo, sorpresa u otra cosa…
Así es que presioné un poco más, tal como ella hacía constantemente conmigo.
Mirándola a los ojos me esforcé en transmitir todo lo que aún no le podía decir en palabras, y deliberadamente lamí la cara interior de su muñeca, sintiendo su sangre pulsar aceleradamente contra mi lengua.
Su sangre olía… Cómo expresarlo? Pura y joven, libre de enfermedades, de medicinas, y otros químicos. Isabella olía deliciosa, pero a nivel alimenticio “gourmet” no era muy diferente a otras chicas de su edad.
Si me viera demasiado tentado por su sangre y sintiera que estoy cerca de perder el control, simplemente me alimentaría de una adolescente cualquiera que sacie mi sed. 
Soy un monstruo? Sí.
Egoísta? También.
Que qué derecho tengo yo al asumir un complejo de dios y decidir salvar una vida y condenar a otra? Hay varias respuestas a esa pregunta, la principal es que soy parte del punto más alto de la pirámide alimenticia. Así como yo elijo qué humanos comer, los humanos deciden qué animales faenar…
Respiré profundamente y descubrí que su piel sí era distinta… Su PH y química personal tenían leves notas florales que no tenían nada que ver con jabones o cremas. Era ella, nada más que su esencia.
Deliciosa.
Y luego estaba su sabor… Mierda! Quise seguir lamiéndola, trazar caminos con mi lengua por todo su cuerpo, sólo para comprobar si su dulzura emanaba de cada poro de su piel, o estaba localizada en ciertos puntos clave.
-Cuidado Isabella, no quieres que me de hambre y se produzca un accidente, verdad? – Pregunté besando su muñeca apenas rosando su piel, y disfrutando de otra alza en su ritmo cardíaco.
Pero qué pasó con mi amenaza? Pasó que la señorita aún  ante ese desplante no me tuvo miedo.
La única humana del mundo que no me teme!
-Deja de ser un asno! – Dijo mirándome a los ojos en tono de regaño, levantando la otra mano para acunar firmemente mis dos mejillas en sus cálidas manos – Estamos en un lugar público y no quiero que nos prohíban la entrada. Recuerda que voy a necesitar seguir comiendo…
-No me temes? – Pregunté, porque por mucho que tratara no olía ni trazas de su miedo… – No me temes?
-No, James, no realmente – Dijo soltándome como resignada, bajando sus manos.
-Pero tu pulso se aceleró… - Afirmé tomando sus muñecas con mis manos, manteniendo las palmas presionadas contra mi pecho, a la altura del corazón.
Ella se sonrojó escarlata, enrojeciendo hasta los confines de su blusa y más allá.
-Dilo – Gruñí muy bajito.
-Eres un hombre tremendamente guapo que me acaba de lamer una zona… - Se aclaró la garganta – Sensible – Dijo bajando la mirada – Y todo en la mitad del pasillo de las sopas en lata! - Exclamó mirando a su alrededor – Claro que mi pulso se aceleró, no soy de piedra! – Susurró casi a gritos.
Cuando se movió pude oler su fresca excitación.
Fue una inyección revitalizadora a mi ego… Me sentí como si midiera diez metros de altura, absolutamente invencible. Y es que hasta ese momento no estaba muy seguro de ser capaz de producir ninguna reacción en ella.
Pero nuevamente todo lo que yo quería decir se confrontó con lo que podía decir, así es que al final no supe qué decir, y la empujé suavemente con mi cuerpo, haciéndola a un lado  para que soltara el carro,  y comencé a caminar.
-Qué nos queda en la lista? – Pregunté mirando al frente, concentrándome en cualquier cosa que no fuera el veneno acumulándose en mi entrepierna.
-Cereales para el desayuno, (si es que ya los inventaron), azúcar, té, café, fideos, chocolates y caramelos, salsa de tomates y tal vez algo de carne… - Leyó del papel que empuñaba - Si quieres nos dividimos la lista y nos separamos? – Preguntó.
-No – Dije sin más explicaciones. Con todas las epifanías que estaba teniendo, me sería imposible perderla de vista, al menos hasta llegar a casa.
A casa.
La casa de los Cullen era nuestra casa?
En qué mierda estaba pensando?
-Oooookay – Dijo ella alargando la palabra y mirándome de reojo – Te estás portando un poco rarito, estás seguro de que estás bien?
-Humph – Resoplé frunciendo el ceño, cabreado conmigo mismo. Por qué estaba actuando así? La asustaría… Me comportaba como un psicópata, y no sólo por lo de los asesinatos. Sacudí la cabeza, tratando de despejarme – Lo siento – Musité casi inaudiblemente.
-No te preocupes, sigues siendo un amor comparado con el James que conocí en el futuro – Dijo sobándose la muñeca mordida, de manera inconsciente.
-Estamos en un lugar extraño lleno de olores y sonidos desconocidos – Le dije – No sabemos si hay otros vampiros en el área y no quiero correr riesgos...
Al menos no contigo, quise agregar.  
Y mientras yo me sumía otra vez en mis pensamientos, ella tomó mi mano, que descansaba sobre la otra posada en la barra del carro, y sin vacilar un segundo, la acercó a su boca y asomando su perfectamente rosada lengua, lamió un área de unos 15 centímetros desde el punto del pulso, subiendo en dirección al codo.
Abrí los ojos del tamaño de platos, y de haber tenido un corazón se habría detenido.
Tan húmeda…
Tan cálida…
Tan suave…
Ella tenía fija la mirada en mí, con los ojos llenos de risa, y al fin depositó un minúsculo beso en el lugar donde se ubicaba mi mordida en su brazo y se enderezó, mirándome expectante.
-Te apuesto que si hubieras tenido un corazón funcionando tendrías taquicardia y ya te habrías caído de culo! – Exclamó riendo, y comenzó a caminar.
Yo me quedé ahí parado como un idiota, paralizado por mi erección y el desconcierto, rodeado de algunos otros compradores que estaban atentos a nuestros desplantes y no se habían perdido el show.
Casi podía sentir las vibraciones de lujuria en los hombres y algunas de las mujeres, y la envidia y reprobación generalizada.
Acomodé mis lentes fotocromáticos, que se habían deslizado por mi nariz, y seguí a paso rápido a Isabella, haciendo todo lo posible por contenerme y no lamer mi propio brazo, lo que quería hacer de modo de saborear su saliva.
Enfermo? Sí.
Pero es que una vez que tenía un objetivo en mente no había obstáculo que me hiciera desistir.
Mi objetivo ahora era Isabella: Salvaría su vida, y luego la haría necesitarme tanto como yo estaba seguro de que la necesitaría a ella.
Era precipitado? Tal vez pueda parecerlo… Pero la mente de un vampiro funciona distinto a la mente humana, puede procesar muchos más datos a la vez, y lo más importante, mis instintos nunca me fallan, y todos apuntaban hacia esa chica que acababa de lamerme como parte de una broma, frente a quien quisiera mirar.
oooOooo
-Gracias James… - Dijo ella depositando una bolsa de papel sobre la mesa de la cocina mientras yo descargaba tres.
-Por qué? – Pregunté.
-Por ser tan dulce, por robar el auto, por acompañarme al supermercado… Y sobre todo por no matarme. Lo siento si te he ofendido esperando continuamente que tu control falle, pero es la fuerza de la costumbre – Dijo mordiendo su labio y volteándose para comenzar a guardar los productos en el refrigerador, que había enchufado antes de salir.
-Costumbre? Por lo que me contaste no hubo acostumbramiento conmigo, las cosas se desarrollaron rápidamente y no estuviste en peligro el tiempo necesario para sentirte paranoica – Rebatí hurgando las bolsas y dejando el contenido de cada una sobre la mesa para que ella lo organizara a su gusto.
-Tienes razón, la amenaza no eras tú, eran los Cullen – Murmuró dejándose caer sobre una de las sillas de la cocina.
-Pero me dijiste que ellos eran prácticamente tu familia! – Exclamé.
-Y es verdad, pero como te dije antes, ellos se alimentan de animales, y esa dieta si bien los sustenta, nunca los deja completamente satisfechos – Respondió – Tenerme paseándome por su casa era como tentar a un gordo a dieta frente a su pastelillo favorito: Es sólo cosa de tiempo antes de que pierda el control.
-Y tú sabiendo esto te involucraste con ellos de todas formas – Afirmé.
Asintió.
-Te asustaban?
-No realmente, aunque Jasper tenía algunos problemas de control de impulsos, pero él se mantenía alejado y Alice siempre anticipaba sus movimientos y evitaba un desastre – Dijo encogiendo los hombros - Esme y Carlisle eran como mis padres, Emmett era mi hermano, y Rosalie me detestaba, así es que la mayor parte del tiempo me ignoraba… - Se detuvo.
-Te falta uno – Dije sabiendo perfectamente cual. La idea no me gustaba para nada.
-Edward – Suspiró sonando… Cansada – Soy su cantante, pero nos enamoramos, o eso pensé…
-Eres su cantante – Repetí pensando que era más probable el que mi perfecta audición fallara a que un vampiro se reprimiera más que un par de días conviviendo tan cercano a su cantante.
-Sep – Dijo asintiendo – Edward es… Distinto a otras personas – Dijo frunciendo el ceño – Es más determinado, más disciplinado… Estructurado, excelentes modales, varios títulos universitarios en distintas áreas, toca y compone música en su piano… Es como… Demasiado bueno para ser real, es perfecto – Dijo con una mueca de resignación.
Sentí un golpe en el estómago y apreté los dientes. Oírla hablar del novio era… Repugnante… Pero el saber el peligro que ella corría cada segundo en su presencia… Mucho peor.
Nadie se acercaría a mi humana.
-Dijiste antes que no estás segura de si te enamoraste? – Pregunté tratando de sonar casual.
-No debí decir eso – Dijo frunciendo el ceño, girándose totalmente para enfrentarme, y se apoyó en la pared abrazando su torso.
-Por qué no? – Pregunté.
-Suena como una traición el decirlo en voz alta – Confesó sin dejar de mirarme a los ojos – Te pasa a veces que las cosas no parecen reales hasta que las enuncias?
-Tú dijiste que somos amigos… - Dije.
-Hasta que me comas – Asintió. Me cabreó que siguiera con la cantinela, pero dejé ese tema para otro momento.
-Los amigos se dicen secretos – Afirmé totalmente disparando al aire, sin saber qué mierda decía.
-No somos amigos desde hace mucho tiempo – Sonrió – No llevamos ni 24 horas.
-Pero nos conocemos desde antes – Dije.
-Y no tuvimos la mejor de las relaciones – Dijo sin dejar de sonreír.
-Cuánto tiempo debemos ser amigos para empezar a ser amigos? – Pregunté – No recuerdo las reglas de la amistad, pero no es como si fuera a salir por ahí a contar tus intimidades…
-No es eso – Dijo acercándose y enganchando su brazo en el mío – Es que me siento una mala persona de puro pensar que Edward podría ser mejor de lo que es. A lo mejor soy inconformista, o poco comprensiva, o muy demandante – Nos dirigió al sofá y lanzó sus zapatos al otro lado de la habitación.
Nos sentamos lado a lado, pero ella no se alejó. En vez de eso mantuvo nuestros brazos unidos y eventualmente apoyó la cabeza en mi hombro, que estaba rígido por la tensión de mi forzada  inmovilidad, ya que no me atrevía ni a respirar para que no se diera cuenta de lo que hacía, y se alejara.
-No sé mucho de estas cosas, pero creo que lo mínimo que puedes exigir en una relación es el derecho a tener una opinión – Dije con el aire que me quedaba.
-Lo sé – Dijo acomodándose para hacer de su cuerpo una bolita – Pero en realidad no se trata de lo que él me permita, sino de mi propia conciencia diciéndome que él es demasiado bueno y decente y yo demasiado imperfecta, lo que me hace creer que lo que siento, mis dudas, son una traición.
-Eres feliz a su lado? – Pregunté.
-Feliz… - Repitió – No lo sé… Quién es realmente feliz? Existe la felicidad? – Se preguntó apretando mi brazo un poco más.
Tuve la certeza de que ella y yo podríamos ser jodidamente felices, aún si no fuera de manera romántica. Nos imaginé viajando por todo el país en un convertible robado, nos imaginé conociendo los hitos de cada Estado y visitando los circos, shows de fenómenos, zoológicos y rarezas. Todo lo que nunca me interesó hacer solo se veía increíble con ella a mi lado, visto a través de sus ojos.
No, no sé quién es realmente feliz, pero juntos ella y yo podríamos crear algo bastante parecido.
-Estás con un hombre al que ya no amas… – Dije contra su cabello – Espera! No dije que no lo quieras, pero no estás enamorada – Agregué. Ella no dijo nada y lo tomé como un signo de que estaba en lo correcto – Y sigues con él porque en teoría es perfecto, y te sientes parte de su familia y te da miedo perderlos – Continué.
-Cuando lo dices así suena tan horrible – Susurró y levantó la vista hacia mí. Estábamos tan jodidamente cerca que podía sentir su respiración contra mi piel.
-Eres una buena persona, Isabella – Susurré besando su frente y apoyando el mentón en su coronilla, de modo de sentirla pero no mirarla más, o no podría continuar – Estás apoyada en un asesino, un ser verdaderamente vil y no me juzgas por mis pecados ni las atrocidades cometidas. En vez de eso te flagelas por herir hipotéticamente los sentimientos de tu novio al permitirte dudas perfectamente razonables… - Aspiré la fragancia de su cabello – Mira, no dudo que él de verdad te ame, pero debes dar por seguro que se pasa al menos la mitad del tiempo fantaseando con miles de maneras de drenarte.
-Pero… - Dijo tratando de defenderlo.
-No es por una falla en su carácter, Isabella, es simplemente como son las cosas, sino mírame a mí, aún rondando a Mary Alice a pesar de todos los años que han pasado y de que ya se esfumó la fragancia de su sangre… Es un instinto de posesividad sin parangón. En su mente, para un vampiro su cantante le pertenece, y es imposible ignorarlo… - Expliqué lo mejor que pude.
-Dices que para Edward soy algo así como un hueso que un perro guarda para cuando tenga ganas? Que me protege hasta que quiera cenarme? – Preguntó con un hilo de voz.
-No Isabella – Reí a pesar de mí. No le podía mentir – No creo que sea premeditado, simplemente te digo lo que en este caso el instinto es el que manda. Si un vampiro se resistiera a matar a su cantante por la razón que sea, la tendría bajo constante vigilancia, no la perdería de vista, y trataría de controlar la mayor cantidad de aspectos posibles de su vida, de modo de proteger lo que inevitablemente considerará su propiedad más valiosa… Si no la mata al momento de conocerla la mantendrá a su lado, pero no podrá ignorar la atracción, y nunca cometería el derroche de desperdiciar su sangre transformándola.
Pasaron cinco segundos de silencio.
Y entonces Isabella comenzó a llorar.
Y llorar.
Y llorar un poco más.
Hasta que poco a poco se fue trepando en mi regazo y hundió su rostro en mi pecho, mojando mi camiseta con sus lágrimas y otros fluidos que prefiero no detallar.
Durante varios instantes no supe reaccionar, pero finalmente sujeté  su nuca con una mano y su espalda con la otra.
No dije nada, porque no sabía qué mierda se le dice a una chica que rompe en llanto por razones desconocidas, pero acaricié su espalda en círculos y enredé mis dedos en su cabello deslizándolos fluidamente por los sedosos mechones, disfrutando lo que a mi parecer es una de las caricias más sensuales que se le puede hacer a una mujer.
Pasaron varios minutos antes de que ella se calmara un poco y dejara de llorar.
Pasó otro rato antes de que estabilizara el ritmo de su respiración.
-Isabella – Murmuré acariciando su húmeda mejilla con mis dedos.
Ella levantó el rostro, y sus grandes ojos estaban enrojecidos y brillantes, a punto de desbordar las lágrimas que aún le quedaban por derramar. Pequeñas manchas rojas marcaban su piel, y exhibía una expresión de la más absoluta vulnerabilidad.
-Qué es Isabella? Dime para tratar de ayudarte… Haré lo que esté en mis manos para que nunca vuelvas a llorar… - Prometí, con toda honestidad.
-Lo que dijiste… Eso de cómo un vampiro trata a su cantante… Edward era exactamente así… Me vigiló mientras dormía incluso meses antes de tener una verdadera conversación conmigo, me seguía cuando salía de compras con mis amigas y cuando iba a La Reserva a ver a mis amigos. Con el tiempo comenzó a elegir hasta el cómo me vestía… Yo pensé que era porque me amaba tanto, pero por lo que tú me dices… - Hipó.
-Yo te dije lo que sé de lo que sucede en general, pero a ustedes no los conocí juntos, no los he visto interactuar – Me obligué a decir. Si las cosas eran como decía Isabella, sus días estaban contados a menos que se transformara.
-No es sólo eso – Argumentó – También se niega a transformarme, lo que siempre me pareció estúpido, sabes? Después de todo cuál era su idea, que yo envejeciera y me deteriorara pero mantuviera a un novio adolescente? Yo estaba dispuesta a abandonarlo todo por él, y habría sido fácil el simplemente dejar que el veneno actuara cuando tú me mordiste…
-Por qué intervino? Cuál fue su argumento? – Pregunté, curioso, mientras mi mente pensaba: Mi veneno… Yo la habría transformado…
Sentí una enfermiza añoranza por ese futuro imposible en el que dañaría a mi Isabella, sólo porque admitía la posibilidad de que en él Isabella llevara eternamente una parte de mí.
-Que no quería condenar mi alma o alguna mierda semejante… - Suspiró – Tú tienes miedo de haber perdido tu alma? – Preguntó reacomodándose contra mi hombro para ver mi rostro.
-No lo sé Isabella, no soy un filósofo, hace mucho que dejé de preguntarme cosas imposibles de responder – Le dije sin dejar de dibujar círculos en su espalda - Lo que creo es que si de verdad existe un ser divino, éste nos creó tal como lo que somos, depredadores que se alimentan de sangre humana. Eso nos convierte en asesinos, y también eso es parte de lo que somos, por lo que está fuera de nuestro control. Yo no creo que si de verdad hay un dios éste nos haya creado de cierta manera para luego castigarnos por actuar en base a esos instintos. A mi modo de ver, la principal diferencia entre lo que hacemos los vampiros y lo que hacen los humanos, es que nosotros cazamos personalmente nuestra comida, no la compramos procesada y trozada en el supermercado – Dije - Miles de animales mueren cada día de maneras nada “humanitarias”, pero a los humanos no les molesta, porque no tienen que lidiar con lo feo y lo incómodo, la sangre ni las entrañas.
Un rato largo de silencio.
Un largo bostezo.
Isabella revolviéndose.
-Tengo sueño – Dijo poniéndose de pie. Su rostro confirmaba que estaba triste y exhausta.
-Ándate a la cama – Le dije sin demostrar mi decepción – Vas a estar en la habitación de Edward? – Pregunté tratando de controlar mi rostro para evitar la mueca de disgusto ante la idea.
-No… - Sonrió como si hubiera dicho algo absurdo.
-Por? – Pregunté.
-Edward no tiene una cama – Susurró. Al ver mi cara de extrañeza, continuó – Los demás tienen camas porque son parejas – Se sonrojó – Pero Edward no tiene una, nunca la ha tenido.
-Ni en el futuro? – Pregunté, porque no me pude aguantar.
Ella negó con la cabeza.
-Es otra de sus reglas – Dijo - No al sexo prematrimonial. Para ti eso es la norma de la época, no es raro, pero en mi tiempo la gente sí tiene sexo sin necesidad de casarse. Por eso me sentía rechazada a veces… Me sentía… Poco atractiva, entiendes?
-Perdón, cómo es la cosa? – Pregunté distraído, a la vez aliviado y furioso de que su novio se negara a tocarla.
-Las parejas pueden simplemente convivir, divorciarse y hasta existe el matrimonio homosexual – Dijo como si nada.
-Qué? – Exclamé creerlo. El futuro era una especie de orgía desenfrenada? Cuál era el orden? No se supone que los legisladores actúan basados en “valores cristianos”? Y los famosos “valores de familia” de la sociedad humana? Yo no soy ningún puritano, en mis años he visto y hecho de todo, pero humanos permitiendo matrimonios homosexuales? Dónde se ha visto algo semejante? Ni en la Roma antigua…
-Es el matrimonio homosexual, verdad?  - Sonrió ella emanando indulgencia - Bueno, acostúmbrate, existen parejas de hombres y de mujeres, y son reconocidos y hasta pueden adoptar bebés. De hecho te anticipo que la gente de color también tiene igualdad ante  la ley, su lucha por los derechos civiles comenzará en 5 años más, y aunque aún en mi tiempo existe gente que discrimina, al menos legalmente somos todos iguales.
-Negros y maricones? – Pregunté sin mala intención. Eran simplemente los términos que se usaba en la época actual para referirse a esos grupos, nada más.
-Afroamericanos y homosexuales – Me corrigió – Vas a tener años para aprender y abrir tu mente, pero no quiero escuchar comentarios racistas u homofóbicos – Bostezó y se estiró mostrando una franja de su blanco estómago – Ah! Y espero que no seas un cerdo chovinista, porque las mujeres ya nos liberamos de la opresión masculina y trabajamos en puestos de poder y no sólo como secretarias o enfermeras. En el futuro vamos a ir la universidad y somos científicas, políticas, empresarias, corredoras de carreras de autos, doctoras, arquitectas, economistas… Lo que se te ocurra!
-Bueno, si los negros y los maric… - Dije sin pensar.
Recibí un cojinazo en la cabeza.
-Si los afroamericanos y los homosexuales tienen igualdad de derechos, no veo por qué las mujeres no – Me corregí.
-Muy bien – Me felicitó burlona, palmeando mi mejilla – Vas a salir esta noche?
-Salir? – Pregunté.
-A… A cazar… - Balbuceó.
-No, estoy bien – Dije – Me voy a quedar aquí.
No quise agregar que no la dejaría desprotegida con el riesgo de que ese tal Edward regresara y la oliera sin conocerla.
-Gracias – Dijo lanzándose a mi cuello y apretándome tan fuerte como pudo – Gracias – Besó mi mejilla y se dio media vuelta en dirección al pasillo.
Yo me quedé aturdido, congelado en mi lugar. No recordaba la última vez que alguien me había regalado una caricia tan dulce… A las humanas no las tocaba más que como alimento y las hembras de mi especie con las que he tenido relaciones han sido encuentros pasajeros más relacionados con desfogarnos que con expresar algún sentimiento, mucho menos ternura.
La escuché trajinar en una de las habitaciones y  apareció de regreso. Al escuchar sus pies descalzos contra el piso de madera, me giré.
Usaba una camiseta enorme que le caía hasta pasada la mitad de los muslos y había ordenado su cabello en dos largas trenzas. La camiseta no era particularmente delgada, pero mis ojos distinguieron claramente la forma de sus pechos y el color más oscuro de sus pezones.
Entre sus pechos tenía un collar comprendido por una gruesa cadena dorada y  un particular colgante con forma de pez. Lo había llevado todo el día? Probablemente, debajo de la ropa.
En una mano cargaba la ropa que había usado ese día.
-Es de Emm – Explicó apuntando a su pecho – Siempre me las presta cuando duermo en su casa, son mucho más cómodas que las camisolas que me dejó Alice, llenas de cintas y encajes – Arrugó la nariz.
Me limité a asentir. Qué clase de ropa usaban en el futuro para dormir? Al parecer no era mejor que la actual si es que ella veía la necesidad de robas camisetas a Emmett.
Por qué usaba camisetas de ese tal Emmett y no una mía?
Agh, no preguntes idioteces, o vas a recibir una respuesta que no te gustará.
Si abría la boca diría alguna estupidez, de eso no había duda, así es que esbocé una sosa sonrisa y me mordí la lengua.
-Voy a dormir en la habitación de Alice – Dijo – Mis cosas ya están ahí. Buenas noches – Sacudió la mano libre y subió por la escalera, dejándome ver una buena porción de sus piernas.
Tal vez hasta un trocito de sus nalgas.
Después de todo ese prolongado contacto físico estaba duro, casi desesperado, y necesitaba alivio.
Salí al jardín y la fuerte brisa de Chicago me ayudó a quitarme su esencia de la nariz y despejarme un poco.
Caminé por el prado y después de dar una vuelta apoyé mi espalda contra un viejo sauce. Inmediatamente al quedar protegido de la brisa por el tronco y dejar de moverme, pude sentir la esencia de Isabella impregnando mi ropa y mis manos, y no tuve alternativa… No realmente…
Debía descargarme, o no aguantaría otra jornada como la anterior; Isabella me estaba destruyendo, robándome mi sanidad, y lo seguiría haciendo hasta que finalmente fuera mía.
Ella, la única mujer que no me temía, a pesar de tener todos los motivos para hacerlo.
Ella, la única que me demostró ternura.
Ella, que ve más allá del asesino.
Ella era la única capaz de amarme, su opinión era la única que me importaba desde que tengo memoria, y yo quería… No, necesitaba su amor.
Mi mano descendió por mi estómago hasta mis jeans y los desabrochó mientras con la otra los bajaba hasta mis rodillas. Una posición bastante indigna, pero mi razón para estar ahí era justamente el no hacerlo bajo el mismo techo donde se encontraba ella.
No quería faltarle el respeto, no a Isabella, pero la alternativa era caminar doblado y adolorido al día siguiente.
Empuñé mi erección, que estaba como para tallar diamantes, y me di un par de caricias tentativas.
No eran necesarias, estaba más que preparado.
No requerí ningún esfuerzo para recrear en mi mente la textura de su cabello, la suavidad de su piel, su sonrisa fácil y su mente veloz. Sus labios perfectos y la ironía y desfachatez que salía de ellos. Sus ojos enormes. Sus pechos…
Faltaba poco… Apreté y bombeé más rápido. Mis bolas comenzaron a tensarse…
De pronto un ruido en la casa. Algo que golpea el suelo.
-Ah! Mierda! – Exclamó ella, y pude ver la luz encendida de una de las habitaciones, y cerca de la ventana, ella desnuda junto a la cortina cerrada, a contraluz, delineando para mis ojos todo su cuerpo: hasta el más mínimo detalle de su silueta.
Como si hubiera necesitado un incentivo…
Todos los músculo de mi estómago y de mis piernas estaban en máxima tensión.
Comencé a eyacular y no parecía que me fuera a detener jamás.
Perdí la noción del tiempo.
Mi orgasmo fue casi doloroso en su intensidad.
Chorros de mi semilla cubrieron mi mano y el árbol, mis rodillas flaquearon, y caí, exhausto.
La conocí hoy, me dije aturdido. Menos de 24 horas y me tiene de rodillas a sus pies, literalmente.
24 horas? Pero si la conozco desde siempre.
No recuerdo el tiempo en que ella no estuvo a mi lado. No lo quiero recordar.
Matarla?
Antes camino directo a una hoguera.
Cuál es la atracción? Por qué ella?
Isabella es hermosa, sí. Pero no es por eso que la quiero para mí.
La quiero porque ella es interesante, inteligente, tiene un buen sentido del humor, no tiene prejuicios, tiene un corazón enorme y la capacidad de perdonar.
Qué tengo yo para ofrecer?
Ciertamente no dinero o casas con prados, como ésta.
Ni siquiera una familia.
Pero le ofrezco una vida llena de aventuras, y le ofrezco complicidad.
Le ofrezco mi amor y lealtad.
Le ofrezco mi certeza de que cada día la amaré más que el anterior.
Es eso suficiente? Nunca me importó demasiado lo que opinaran mis amantes, pero Isabella es diferente, ella es una persona, una mujer real en medio de los fantasmas que han pasado incesantemente por mi vida sin dejar huella.
Desde el supermercado, en el momento de mi epifanía, no he podido dejar de pensar en que la quiero para mí, aunque deba robármela, pero ahora por primera vez caigo en cuenta de que la razón por la que la quiero es porque la respeto y quiero que me quiera.
Quiero ser merecedor. Digno de su amor.
Y raptarla sería hacer trampa…
Pero cuántos días me quedan a solas con ella?
Cuántos días tengo para ganar su corazón?
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Oooooopinen!

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