jueves, 14 de enero de 2016

Sangre Sucia 8

Hola! Por fin he regresado, después de un largo período de hibernación. Extrañé mucho escribir, extrañé mucho sus comentarios y extrañé mucho reconectar con mis historias, ya que yo, como ustedes, quería saber cómo continuaban. Pero bueno, ya me encuentro mejor y espero retomar de manera permanente mi escritura.
Este es un capítulo distinto a los anteriores porque redefine la relación que veníamos construyendo, pero no se espanten, que esta cosa sigue y aún quedan muchas vueltas de tuerca.
No dejen de darme su opinión y que tengan un muy feliz 2016.
Cariños!
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Capítulo 8
My heart beats like a drum (all night)
Flesh to flesh, one to one (and it's alright)
And I'll never let go cause
There's something I know deep inside
You were born to be my baby
And baby, I was made to be your man
We got something to believe in
Even if we don't know where we stand
Only God would know the reasons
But I bet he must have had a plan
Cause you were born to be my baby
And baby, I was made to be your man
Born to be my baby / Bon Jovi

Nunca, nunca había sido besada de esa forma.
Con esa fiereza.
Con esa pasión.
Todo su mundo se redujo a los puntos de contacto entre sus cuerpos, a las manos de él en sus mejillas y a sus bocas chupando, mordiendo, lamiendo, como si ambos sintieran que ese momento en cualquier segundo les sería arrebatado y quisieran sacar el máximo provecho de él.

Poco a poco Draco se fue acomodando hasta que se sentó en la cama junto a ella, y los brazos agotados de Hermione hicieron el esfuerzo enorme de levantarse y aferrar sus puños a la camiseta de Malfoy, acercándolo más a su cuerpo.
Y el beso se extendió…
Tal vez porque ninguno de los dos quería que acabara, o quizás simplemente porque ninguno de los dos sabía cómo enfrentar lo que vendría después.
Pero como siempre, todo lo bueno debe acabar, y en algún momento debían emerger para respirar, por lo que poco a poco fueron reduciendo la intensidad y espaciando los besos hasta que Draco besó la comisura de sus labios, su mejilla, la línea de su mandíbula y su boca una última vez.
Quedaron en contacto en las superficies que abarcaban sus manos y con las frentes unidas, los dos jadeantes, ambos sin creer que aquello realmente había sucedido.
Hermione había respondido a su beso, pensó Draco eufórico. No lo había rechazado asqueada, como siempre imaginó que haría si algún día él se atrevía a ser tan estúpido como para lanzarse…
Oh! Draco la había besado! Pensó Hermione sin poder llegar a comprender la idea plenamente. Algo que no creyó posible de pronto se sentía tan lógico y natural… Cómo no lo había visto antes? Draco extrañamente, parecía reunir gran parte del conjunto de características que ella buscaba en un hombre… Bueno, al menos ahora las reunía... Pensándolo bien, si en el colegio ella no lo había visto es porque este chico entonces aún no existía.
Hermione abrió los ojos muy lentamente, reacia a terminar con el ensueño, pero de alguna forma, ansiosa de enfrentar la realidad.
Malfoy la miraba con un gesto inescrutable, los ojos inexpresivos, evaluando cada microexpresión del rostro de la chica, decidiendo su curso de acción.
Si ella lo rechazaba él se alejaría para siempre, no había otra forma de proceder... Era un idiota! No debió perder el control de esa manera... Nunca podía permitírselo, menos cuando estaba cerca de ella!
-Wow! – Sonrió Hermione intuyendo que los siguientes segundos serían críticos en su relación con Draco a futuro. Si lo asustaba o lo humillaba lo perdería para siempre, y ella no quería eso. Ella quería conocerlo, discutir, tal vez bromear, y definitivamente quería besarlo otra vez.
Draco entrecerró los ojos pero no dijo nada.
-Nadie... – Dijo ella mirándolo directamente a los ojos, lentamente, modulando cada sílaba – Nadie me había besado así.
Draco no pudo reprimir una pequeña contracción en el músculo de su mejilla izquierda, lo que indicaba claramente que estaba luchando por esconder esa sonrisa fanfarrona que lo caracterizaba… Pero no, no cedería tan pronto, él quería permanecer serio. Él había abierto su puto pecho para que ella hiciera lo que quisiera con su corazón y ahora era el turno de Hermione de dar una señal. Lo toma o lo deja.
-Sé que quieres presumir Malfoy, puedes tratar de controlar tu rostro, pero no tu mirada – Dijo ella rodando los ojos.
Él siguió sin decir nada, pero relajó un poco su expresión.
-Entonces… Yo te gusto? – Preguntó ella tentativamente, mirándolo a través de sus pestañas. Ahora fue el turno de Draco para rodar los ojos, pero siguió en silencio.
-Tú me gustas a mí… - Dijo ella en un arranque de valentía. La antigua Hermione jamás habría admitido semejante cosa, pero los años de guerra y cercanía con la muerte le habían enseñado que los buenos momentos debían ser vividos y las oportunidades de ser feliz debían ser abrazadas, pues podían ser las últimas.
-Qué te gusta exactamente? – Preguntó él elevando una ceja, en un tono de voz más lúdico, desafiándola.
-El cómo evolucionaste de ser un asno insensible para convertirte en… Oh no! A quién trato de engañar? Aún eres un asno insensible! Supongo que no hubo evolución en ese frente…– Exclamó ella picada, haciendo un mohín caprichoso.
-Cuidado Granger… – Dijo él acercándose hasta que sus labios se movieron contra la oreja de la chica, bañándola con su aliento – Recuerda que estás completamente indefensa – Y le mordisqueó el lóbulo juguetonamente.
Hermione aspiró violentamente y mordió su labio inferior, tratando de controlar sus reacciones. Estaba sintiendo demasiado… Reacciones violentas y desconcertantes, difíciles de controlar por lo foráneas que eran.
-Te voy a besar otra vez – Dijo él aún contra su oído – Dime que me detenga y lo haré – Ofreció lo que sonaba más como un desafío que un intento de confortarla.
Ella no esperó por él… A pesar de estar casi inmóvil no estaba a su merced, y cuanto antes lo comprendiera Draco, tanto mejor para ambos. Hermione giró el rostro y atrapó los labios de él con los suyos desconcertándolo por un segundo, pero en cuanto pasó la sorpresa respondió con entusiasmo, enredando los dedos entre los desordenados risos de la chica, atrayendo su rostro al suyo, hasta quedar tan cerca como les fue posible sin fusionarse.
Ese beso fue un poco diferente, ya que pasada la impresión de la primera caricia sus personalidades competitivas salieron a flote tratando de mostrar dominancia seduciendo, tentando y castigando, encendiéndolos al límite pero luchando por no rendirse al otro.
-Eres mía Granger – Murmuró él contra sus labios, como si fuera físicamente incapaz de alejarse – Mientras estés en esta casa eres mía, entiendes?
Ella entendía. “Mientras estés en esta casa” era el tiempo límite de cualquier posible relación. “Mientras estés en esta casa” significaba que nada más existía. No había guerra, ni La Orden ni los Mortífagos ni un Señor Oscuro. Sólo ellos dos, explorando lo que fuera que les estaba sucediendo.  
Hermione asintió sin molestarse en abrir los ojos, lista para seguir besándolo hasta que el mundo estallara.
-Dímelo Granger – Demandó él empuñando el cabello de la base de su nuca. Era un gesto dominante, pero no incómodo ni mucho menos doloroso, y la verdad es que la encendió aún más. Tras el amor casi hermanable de Ron y la devoción ciega y casi servil de Viktor, el carácter déspota de Draco era sexi, rozando en lo prohibido.
-Tuya – Jadeó ella mirándolo directo a los ojos, pero lamiéndose deliberadamente los labios, en un gesto hambriento que a él no se le pasó desapercibido. Podían jugar y pretender que ella se sometía, pero la realidad era clara para él: Granger había descubierto su poder sobre él y lo utilizaría hasta tenerlo rogando por sus caricias… Y estaba bien. Si eso es todo lo que podía obtener por el escaso tiempo que tuvieran para los dos, estaba bien. Ya estaba obteniendo mucho más de lo que se atrevió a esperar, y ser el esclavo de los caprichos de la chica que amaba era infinitamente mejor que ser su guardián invisible.
-Repítelo – Dijo él tomando su mentón entre sus dedos.   
-Tuya, Malfoy – Dijo Hermione lentamente – Mientras esté en esta casa soy tuya…
-Maldita seas, Granger! – Exclamó él hundiendo su rostro en el cuello de la chica, sin poder contener su frustración. La deseaba tanto que dolía. Todo en su interior le gritaba que no fuera idiota, que se retirara mientras aún tuviera algo que salvar, pero su necesidad de ella era más fuerte, ya no podía retroceder… Y además no había mucho que salvar, esto no era un capricho de un par de días, sino un sentimiento que llevaba años cultivándose en las sombras.
-Shhhhhhh... – Lo trató de tranquilizar ella, de alguna manera abstracta, comprendiendo – Shhhhhh… Está bien, estamos bien… Aquí y ahora Malfoy… Aquí y ahora… No hay nada más…
Él se mantuvo unos momentos en esa posición, respirando profundo, empapándose de la fresca esencia de Hermione, hasta que fue capaz de articular frases coherentes y sin ese patético dejo de desesperación que lo embargaba.
-Estás bien? – Preguntó retirándose lentamente.
-Sí – Dijo ella sonriendo sin malicia – Perfectamente.
-Estás cómoda? – Insistió ya más compuesto – Quieres dormir? Ir al baño? Beber algo?
-Sí, no, no y no – Respondió ella tranquilamente – Quiero ver tu “estudio” – Agregó como si nada.
Draco entrecerró los ojos  por un momento, tratando de retener todas las respuestas mordaces que se querían escapar de sus labios. Por un momento no dijo nada, pero ella esperó paciente, demostrando conocerlo más de lo que le resultaba confortable. Nadie lo conocía. Él era un fantasma. No quería volver a ser una persona de verdad si en unos días volvería a su estatus de sombra.
Pero finalmente, como sabía que sucedería, se rindió.
-Por qué? – Preguntó simplemente.
-Porque quiero conocerte como tú me conoces a mí – Dijo ella.
Bien, parecía justo. Ella sólo quería igualar las condiciones, y después de todo, no tenía nada de qué avergonzarse… Verdad?
Con la palma abarcó la mejilla de Hermione y estudió atentamente su rostro levemente bronceado y pecoso, sus enormes ojos enmarcados en pestañas imposiblemente largas, su pequeña nariz respingona y sus labios, hinchados y rojos por sus besos despiadados… Un “No” era imposible. Ella tendría de él lo que quisiera.
-Vamos – Dijo descubriendo violentamente las piernas de Hermione y pasando un brazo bajo sus rodillas.
-De verdad? – Preguntó ella asombrada de haber ganado tan fácilmente, ajena a las batallas de poder internas de Draco.
-Vamos – Repitió él rodeando su cuello con el brazo de ella y levantándola de la cama sin esfuerzo.
-Gracias – Murmuró ella apoyando su cabeza en el pecho de Draco y enredando sus dedos en el cabello de su nuca.
Él no dijo nada y se limitó a aspirar profundamente, llenándose del aroma del cabello de Hermione, que aún conservaba trazas del perfume de su champú, pero que era principalmente su esencia… Cómo hacer para embotellar esta fragancia? Cómo hacer que perdurara para siempre en sus sábanas y en su ropa? Aún la tenía en sus brazos y ya lloraba su pérdida…
Subió la escalera lentamente, casi reacio a revelar el espacio superior, pero resignado a las preguntas que inevitablemente seguirían.
Lo primero que percibió Hermione fue la luz… Luz por todos lados, clara y brillante, revelando las partículas de polvo suspendidas en el aire a medida que subían, hasta que al llegar al piso superior, sus ojos debieron acostumbrarse al resplandor, y pestañeó repetidas veces hasta que pudo distinguir el espacio y las formas.
Era una sola planta, tan grande como todo el piso inferior, sin otro mobiliario que un escritorio con un laptop sobre él y una silla. Había varios “bultos” de distinto tamaño cubiertos por sábanas o trozos de tela, y en una pared había un rack metálico con todo tipo de herramientas manuales colgadas de él. Contra la pared más alejada de la escalera había un rústico mesón de madera sobre el cual descansaban herramientas eléctricas un poco desordenadas, como si se hubiera interrumpido su uso a media faena.
-Esto es mi estudio – Dijo él en voz baja, sin ver la necesidad de hablar más fuerte.
Ella no contestó nada, aún estudiando el lugar. Había virutas de madera en el piso de parqué, pero por lo demás el lugar estaba limpio y bien cuidado. Había ventanas en tres de las paredes y una en el techo, iluminando el centro de la habitación.
-Te voy a sentar aquí, no te vas a caer? – Preguntó él acercándose a la silla de cuero que estaba tras el escritorio.
-No, no me voy a caer – Dijo ella demasiado atenta a sus alrededores como para picarse por la insinuación de condescendencia.
-Bien, aquí estamos – Dijo sentándola y colocándole las manos sobre su regazo.
-Qué es este lugar? – Preguntó ella – Qué haces aquí?
-No lo adivinas? – Preguntó él estudiando sus reacciones.
-Obviamente algo con madera – Dijo ella mirando las herramientas y la viruta – Pero qué?
-Partí cuando llevaba un tiempo escondido… leer por horas no era suficiente, necesitaba hacer algo, crear algo… Podía estudiar pociones pero no recrearlas, no tenía implementos o espacio para ello, pero resultó que un trozo de madera era fácil de manejar. Al principio usé sólo un cuchillo y algún trozo de leña que usaba para la chimenea, cualquier cosa en realidad, lo importante era mantener ocupadas mis manos, pero me fui dando cuenta de que tenía cierta habilidad, lo que me hizo abrirme y estudiar otras áreas del conocimiento, como el arte.
-Nunca habías estudiado arte… – Afirmó Hermione al darse cuenta de las diferencias entre la educación mágica y la muggle.
-No como un muggle, no. Mis tutores particulares sólo repasaron aspectos generales del arte, períodos históricos y reglas generales a la hora de comprar antigüedades, pero nunca un acercamiento de “las manos en la masa” como los niños muggle. Nunca nada que pudiera ensuciarme las manos o estropearme la ropa.
-Nunca pintaste con los dedos? – Preguntó ella incrédula.
-Es que no conoces a mi madre? – Preguntó luciendo horrorizado, pero con una sonrisa socarrona.
-Wow… Nunca pintaste las paredes con crayones o jugaste con plastilina… Nunca hiciste horribles jarrones de greda o pintaste un retrato al óleo… - Costaba imaginárselo. Ella no era la persona más talentosa en lo artístico, pero las artes plásticas habían sido una de sus asignaturas favoritas como niña, porque le permitían relajar su estructurada personalidad, dejarse ir  y simplemente crear, sin pensar en competir.
-Nunca – Afirmó él, divertido de sólo pensar en la inclusión de esas actividades en su elitista currículo.
-Bueno, y entonces? – Preguntó ella ansiosa de ver lo que Draco creaba.
-Y entonces fui aprendiendo  - Dijo él encogiéndose de hombros mientras se sentaba en la orilla del escritorio -  No fue nada premeditado, pero de a poco comencé a trabajar en escalas más grandes y a usar herramienta más especializadas. No pensé en deshacerme de ninguna de mis  obras porque nunca se me ocurrió que tuvieran un valor más allá de lo meramente recreativo, hasta que un día vi en un parque una escultura de un estilo similar a las cosas que yo venía haciendo… Era más grande, pero también más tosca y menos detallada, y pensé que si quien fuera que  hizo eso podía vender su basura, bien podría yo vender la mía…
-Y pudiste? – Preguntó ella, ansiosa, pero adivinando la respuesta.
-Sí – Dijo él simplemente – Lo más difícil fue encontrar los contactos, pero una vez que logré ubicar una pieza el resto fue ridículamente simple, desde entonces he seguido esculpiendo, a pesar de que lo que más me gusta siguen siendo las pociones.
-Me vas a mostrar tu trabajo? – Preguntó ella impaciente.
-A eso subimos, no? – Preguntó él acercándose a la silla – Pero con una condición, quiero que me digas la verdad. No quiero palabras de buena crianza, quiero tu opinión honesta, vale?
-Ya hablamos de eso Draco, nada de palabras de “buena crianza”, sólo la verdad – Dijo ella.
-Bien, vamos – Dijo él empujando la silla, que deslizó sus ruedas sin problemas por el brillante piso de madera rubia.
Se acercaron al primer bulto y sin más ceremonia Draco lo descubrió, revelando una enorme pieza de madera laminada. El diseño era abstracto y de líneas orgánicas, absolutamente contrario a cualquier cosa que Hermione hubiera podido esperar (Aunque a estas alturas, cualquier cosa era posible, no?).
-Y? – Preguntó Draco tratando de no sonar muy ansioso por el veredicto de a chica, pero sabiendo de antemano que de sus palabras dependería la valoración que él mismo daría a sus piezas desde ahora en adelante.
-Draco es increíble… – Susurró ella tratando de estirar la mano para tocar la perfectamente pulida superficie de la escultura – Ese nivel de detalle, las terminaciones… Y el diseño en sí! Cómo se te ocurrió una cosa como esta?
-No es algo premeditado… Como dijo Michelangelo, “Cada bloque de piedra tiene una estatua en su interior y es la tarea del escultor descubrirla”. Yo trato de quitar la madera que sobra, nada más… Me entiendes? – Preguntó inseguro de haberse expresado claramente.
-Te entiendo – Dijo ella enredando sus dedos en la mano de Draco más cercana. Él apretó su mano y sin decir más siguieron el recorrido por la habitación estudiando cada pieza, hasta que no quedó más que una escultura cubierta, en el rincón más alejado de la habitación.
-Y esa? -  Preguntó Hermione cuando pareció que el tour había concluido sin mostrarle la pieza faltante.
-Esa es otra cosa, un proyecto personal – Dijo él, incómodo.
-No lo son todas? – Insistió ella.
-Sí – Admitió - Pero esta es diferente…
-Está bien si no me la quieres mostrar – Dijo ella mirándolo – Ya has compartido mucho más de lo que hubiera esperado…
-No es que no quiera – Dijo él embarazado – Es que no sé qué vas a pensar…
-Ahora me la tienes que mostrar – Declaró ella – No me puedes decir eso y dejarme con la duda.
-Salgamos de esto de una vez – Suspiró él – Pero recuerda…
-Nada de “buena crianza”, ya lo sé – Rodó los ojos Hermione, divertida y a la vez halagada por su inseguridad.
-Esta pieza la empecé hace unos años, y es mía, no está a la venta – Dijo él develándola de golpe.
Era una escultura radicalmente diferente a las demás. Una figura humana de escala 1:3 sobre una base de piedra, realista, completamente alejada de los bloques abstractos.
Era una chica desnuda de unos cincuenta y cinco centímetros de alto, perfectamente pulida y muy detallada, aunque se veía que aún no estaba terminada. Había algo familiar en la figura, en la postura, en la expresión… No era un parecido exacto, los pechos eran un poco más grandes y el cabello era un poco diferente, pero si era lo suficientemente acertado para declarar sin lugar a dudas…
-Soy… Soy yo! – Exclamó incrédula.
-Eres tú – Confirmó él un poco temeroso de su reacción. “Maldita seas, siempre has sido tú” Agregó en su mente.
Y se preparó para lo que vendría
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Ahí lo tienen, el regreso de esta historia.
1.- Sé que me estoy saliendo del canon con estos personajes, pero les recuerdo que han pasado varios años durante los cuales ambos han madurado y cambiado, y así es como me los imagino.
2.- Fotos de las esculturas en mi blog y mi Facebook, para que puedan ayudarse con la imaginería. 
3.- Cuento con su feedback,  no dejen de darme su opinión.

Abrazos!

1 comentario:

  1. hola!!!! me a encantado el Capitulo!!!!! dios como amo a draco espero que ella se de cuenta de su amor y que le diga que se va a quedar con el para siempre asi tenga que luchar contra todos.... muero por leer otro capitulo.. mil gracias por publicar y por tu trabajo.... besos...

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